miércoles, 18 de mayo de 2016

EL CURIOSO CASO DE PHINEAS GAGE

Eran las 16:30 horas de un 13 de septiembre de 1848. Unos trabajadores de la Ferrocarril Rutland & Burlington participaban en la construcción de la línea ferroviaria del estado de Vermont, en Estados Unidos, concretamente en las afueras de Cavendish. Uno de los trabajos que realizaban era retirar los obstáculos naturales que impedían proseguir la colocación de la vía férrea. Encontraron una gran roca y debían volarla. Para ello, el capataz del grupo, Phineas Gage, de 25 años, colocó –como otras tantas veces lo había hecho- cargas explosivas en un agujero que previamente había realizado; después puso un detonador. El procedimiento concluía taponando la zona con arena y presionándola con una larga barra metálica, pero aquel día se le olvidó. Al golpear el lugar con la barra, provocó una chispa y con ella una gran explosión. El pesado barrote de un metro de largo, 6 kilos de peso y 3 cm. de diámetro, salió disparado a 30 metros de distancia, no sin antes atravesar el rostro del joven capataz en diagonal y salir por la parte superior del cráneo. La misma explosión proyectó el cuerpo del hombre hacia atrás.
Recreación por ordenador en 3D de cómo pudo
ser el accidente.
Phineas fue trasladado de inmediato al hotel de Cavendish. Increíblemente estaba vivo, y no sólo eso, sino que estuvo consciente en todo momento, bajó por su propio pie del carruaje en el que fue llevado y se sentó en una silla a la espera de la llega del médico. El doctor Edward Higginson Williams lo asistió en los primeros días. Después, se hizo cargo el doctor John Martyn Harlow, quien trató al accidentado con diversas sustancias para prevenir infecciones y ayudar a cerrar la herida.

Poco más de dos meses después, concretamente el 18 de noviembre  de 1848, el Dr. Harlow le dio el alta médica, ya que Gage se encontraba perfectamente, tanto a nivel físico como mental, aunque como dejó constancia por escrito Harlow, “el equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus instintos animales parece haber sido destruido”. Antes del accidente Gage era un hombre responsable, trabajador y de buen carácter. Después, y según las palabras del Dr. Harlow se volvió “irregular, agresivo, irreverente, blasfemo, obstinado, caprichoso, vacilante y sin un plan de futuro”. Si bien su capacidad motora y verbal no sufrieron ningún daño –a pesar de perder la visión de un ojo-, su personalidad sí había cambiado, produciéndose un gran cambio en el carácter.
Phineas Gage, posando con la barra
 que le lesionó.
Gage cambiaba continuamente de trabajo, siendo despedido de todos ellos por su carácter violento e irresponsabilidad. Así, después de deambular por varios empleos y de exhibirse en un circo, marchó ocho años a Chile, donde trabajó como conductor de diligencias. En 1859 volvió a Estados Unidos y se instaló en San Francisco. Alcoholizado y con la salud quebrada, varios ataques epilépticos acaban con su vida, el 21 de mayo de 1860, cuando contaba 37 o 38 años de edad.

Después del fallecimiento de Gage, el Dr. Harlow se hizo con el cráneo y la barra que lo lesionó. Más tarde los donó al museo de historia de la Medicina de Harvard, en Estados Unidos.

La lesión en el lóbulo prefrontal del cerebro de Phineas Gage fue de gran ayuda para la neurociencia. Tal y como relata Fabián A. Molina en la revista científica argentina Alcmeon “es un paradigma de la lesión cerebral y los cambios en la conducta”.




Fuentes:

Molina A. Fabián, El caso de Phineas Gage, una revisión de la historia de la neurobiología, Alcmeon, Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, vol. 17, Nº 3, abril de 2012, págs. 227 a 248.

Tiffon, Bernat-Noël Dr., Manual de Consultaría en Psicología y Psicopatología Clínica, Legal, Jurídica, Criminal y Forense, Bosch Editor, Barcelona 2008, págs. 123-124.



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