miércoles, 20 de enero de 2016

LA DESAPARICIÓN DE JUAN PEDRO MARTÍNEZ GÓMEZ, EL NIÑO DE SOMOSIERRA

EL VIAJE

Juan Pedro Martínez Gómez se las prometía muy felices al finalizar el curso. Había sacado muy buenas notas y sus padres le recompensaron con viajar junto a ellos hasta Bilbao en el camión de su padre, toda una aventura para aquel chaval que cumpliría 10 años durante el trayecto.

A las siete de la tarde del 24 de junio de 1986, Juan Pedro lleno de emoción subió a aquel gigante Volvo F-12 que le llevaría a él y a sus padres, Andrés y Carmen, a Bilbao, transportando una cisterna con veinte mil litros de ácido sulfúrico. Partieron alegremente de la pedanía murciana de Fuente Álamo y la ruta transcurrió sin problema alguno, realizando paradas absolutamente normales hasta llegar a Cabanillas de la Sierra sobre las cinco de la madrugada, donde efectuaron una parada para desayunar en el Mesón de Aragón. Así lo recuerda un camarero del lugar, la última persona que vio a los tres juntos.


EL EXTRAÑO ACCIDENTE

La ruta del camión continuó por la Nacional 1 pero esta vez, el camión inició un trayecto anormal. Durante 1 hora y 23 minutos recorrió 50 km, realizando doce paradas, algunas de apenas 2 o 3 segundos, sin que hubiera ninguna retención de tráfico en aquellas horas. La última detención del vehículo fue la más duradera: 20 segundos. Después, como si Andrés se hubiera vuelto loco, apretó el acelerador y descendió por la carretera sinuosa del Puerto de Somosierra a toda velocidad -el tacógrafo marcaría máximos de 120 km/h.-, hasta que en una curva pasó al carril contrario y chocó con un trailer, acabando los dos camiones y otros vechículos en la cuneta totalmente quebrados. Algunos testigos afirmaron haber visto a una Nissan Vanette detenerse en el lugar y como dos individuos (un hombre y una mujer) acudieron, en principio al auxilio de las víctimas, marchando poco después.

Los cuerpos de Andrés y Carmen fueron recuperados por los equipos de salvamento horas después, entre los amasijos de hierro y sus cuerpos cubiertos  por el ácido que se había derramado. Pero el niño no estaba. Además el ácido vertido podía llegar al río Duratón, muy próximo al lugar, lo que provocaría una catástrofe ecológica. Para neutralizarlo, miles de kilos de cal fueron volcados en el lugar.


Cuando la Guardia Civil comunicó a la familia Martínez Gómez, éstos preguntaron por el pequeño Juan Pedro. Los agentes, estupefactos contestaron que en el camión no viajaba ningún niño, puesto que no habían encontrado ningún cuerpo, solamente los padres del niño. Inmediatamente se ordenó una operación de búsqueda para localizarlo, sin encontrarlo.

HIPÓTESIS

Se especuló con la posibilidad de que el cuerpo del niño fuera disuelto por el ácido, pero para que el cuerpo se disolviera necesitaría varios días, y no del todo.

Juan García Legaz, primo hermano de la madre de Juan Pedro, inició una exhaustiva investigación por su cuenta. Sus conclusiones fueron que el niño no viajaba en el camión en el momento del accidente y que fue secuestrado en una de las paradas efectuadas e introducido a la fuerza en otro vehículo. En un intento desesperado por recuperar a su hijo, Andrés iniciaría una persecución suicida que finalizaría con el fatal accidente.

Un año después de los hechos, la magistrada del juzgado de Colmenar Viejo, María Dolores Ruiz Ramos, ordenó un nuevo registro de los restos del camión. En una de las cubas de la cisterna que se encontraba vacía durante el viaje, los investigadores encontraron restos de heroína, lo que hace suponer que el caso tendría alguna relación con el tráfico de drogas. Sea como fuere, la desaparición de Juan Pedro es una de las más enigmáticas ocurridas en los últimos tiempos.





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