viernes, 29 de enero de 2016

MASACRES ESTUDIANTILES (IX): LA MASACRE DE MA’ALOT

Era la noche del 13 de mayo de 1974 cuando tres miembros del FLDP (Frente Democrático para la Liberación de Palestina) camuflados con uniformes militares israelíes  y armados con explosivos plásticos, granadas y rifles AK 47, entraron en territorio israelí procedentes del Líbano. Al rato, atacaron una camioneta matando a dos mujeres árabes israelíes e hirieron a una tercera. Seguidamente entraron en un edificio de apartamentos de la ciudad de Ma’alot y mataron a una pareja y su hijo de 4 años de edad, hiriendo también a su hija de 5. Después, se dirigieron a la Escuela Primaria Meir Netiv y la tomaron con 115 rehenes (105 niños y 10 maestros), de una escuela secundaria de Safed que se encontraban de viaje y que pasaban la noche allí. Tres profesores lograron huir, abandonando a su suerte a 90 alumnos. Pronto, los secuestradores emitieron sus exigencias, las cuales eran la entrega de 23 palestinos presos -y otros tres de otras nacionalidades- en prisiones israelíes, de lo contrario ejecutarían a los escolares.
Torre del Agua de Ma'alot.
Justo debajo se encuentra la escuela Meir Netiv.
Rotas las negociaciones, a las 17:25 horas del 14 de mayo, el comandante de las fuerzas especiales que rodeaban el edificio, ordenó el asalto. En la operación liquidaron a los tres secuestradores, pero antes éstos habían matado a 22 alumnos, tres profesores, un militar y herido a 71 personas.

CONSECUENCIAS

Al día siguiente de los hechos, Israel se vengó lanzando una operación militar, bombardeando oficinas y zonas de entrenamiento del FLDP y el FPLP (Frente Popular para la Liberación de Palestina). El ataque dejó a siete campamentos de refugiados palestinos dañados, matando a 27 personas e hiriendo a 138.

Un año después, un informe de la Comisión que investigó la operación realizada por la unidad especial del ejército israelí, concluyó que se habían cometido varios errores en la operación de rescate.



miércoles, 20 de enero de 2016

LA DESAPARICIÓN DE JUAN PEDRO MARTÍNEZ GÓMEZ, EL NIÑO DE SOMOSIERRA

EL VIAJE

Juan Pedro Martínez Gómez se las prometía muy felices al finalizar el curso. Había sacado muy buenas notas y sus padres le recompensaron con viajar junto a ellos hasta Bilbao en el camión de su padre, toda una aventura para aquel chaval que cumpliría 10 años durante el trayecto.

A las siete de la tarde del 24 de junio de 1986, Juan Pedro lleno de emoción subió a aquel gigante Volvo F-12 que le llevaría a él y a sus padres, Andrés y Carmen, a Bilbao, transportando una cisterna con veinte mil litros de ácido sulfúrico. Partieron alegremente de la pedanía murciana de Fuente Álamo y la ruta transcurrió sin problema alguno, realizando paradas absolutamente normales hasta llegar a Cabanillas de la Sierra sobre las cinco de la madrugada, donde efectuaron una parada para desayunar en el Mesón de Aragón. Así lo recuerda un camarero del lugar, la última persona que vio a los tres juntos.


EL EXTRAÑO ACCIDENTE

La ruta del camión continuó por la Nacional 1 pero esta vez, el camión inició un trayecto anormal. Durante 1 hora y 23 minutos recorrió 50 km, realizando doce paradas, algunas de apenas 2 o 3 segundos, sin que hubiera ninguna retención de tráfico en aquellas horas. La última detención del vehículo fue la más duradera: 20 segundos. Después, como si Andrés se hubiera vuelto loco, apretó el acelerador y descendió por la carretera sinuosa del Puerto de Somosierra a toda velocidad -el tacógrafo marcaría máximos de 120 km/h.-, hasta que en una curva pasó al carril contrario y chocó con un trailer, acabando los dos camiones y otros vechículos en la cuneta totalmente quebrados. Algunos testigos afirmaron haber visto a una Nissan Vanette detenerse en el lugar y como dos individuos (un hombre y una mujer) acudieron, en principio al auxilio de las víctimas, marchando poco después.

Los cuerpos de Andrés y Carmen fueron recuperados por los equipos de salvamento horas después, entre los amasijos de hierro y sus cuerpos cubiertos  por el ácido que se había derramado. Pero el niño no estaba. Además el ácido vertido podía llegar al río Duratón, muy próximo al lugar, lo que provocaría una catástrofe ecológica. Para neutralizarlo, miles de kilos de cal fueron volcados en el lugar.


Cuando la Guardia Civil comunicó a la familia Martínez Gómez, éstos preguntaron por el pequeño Juan Pedro. Los agentes, estupefactos contestaron que en el camión no viajaba ningún niño, puesto que no habían encontrado ningún cuerpo, solamente los padres del niño. Inmediatamente se ordenó una operación de búsqueda para localizarlo, sin encontrarlo.

HIPÓTESIS

Se especuló con la posibilidad de que el cuerpo del niño fuera disuelto por el ácido, pero para que el cuerpo se disolviera necesitaría varios días, y no del todo.

Juan García Legaz, primo hermano de la madre de Juan Pedro, inició una exhaustiva investigación por su cuenta. Sus conclusiones fueron que el niño no viajaba en el camión en el momento del accidente y que fue secuestrado en una de las paradas efectuadas e introducido a la fuerza en otro vehículo. En un intento desesperado por recuperar a su hijo, Andrés iniciaría una persecución suicida que finalizaría con el fatal accidente.

Un año después de los hechos, la magistrada del juzgado de Colmenar Viejo, María Dolores Ruiz Ramos, ordenó un nuevo registro de los restos del camión. En una de las cubas de la cisterna que se encontraba vacía durante el viaje, los investigadores encontraron restos de heroína, lo que hace suponer que el caso tendría alguna relación con el tráfico de drogas. Sea como fuere, la desaparición de Juan Pedro es una de las más enigmáticas ocurridas en los últimos tiempos.





Fuentes:



martes, 19 de enero de 2016

DETENIDO UN ASESINO SERIAL EN CHINA

En la provincia de Huan, al sur del país, actuó presuntamente un asesino serial de apellido Nie, de 27 años de edad, quien habría matado a seis personas en tres días y en diferentes lugares.

El periplo homicida lo inició en una aldea cuando intentaba violar a una mujer, el viernes 15 de enero. Al tratar de impedírselo el líder de la comunidad, fue presuntamente asesinado por Nie, además de herir a la mujer. El día después sería especialmente sanguinario, pues habría matado a cuatro adolescentes –dos chicos y dos chicas-, miembros todos ellos de una misma familia, en el distrito de Hengshan, contando el más joven trece años de edad.

El domingo 17 de enero, mientras huía, se llevaría por delante a una aldeana de 31 años, para acabar detenido a las 12:20 (hora local), cerca de una escuela primaria en el pueblo de Kaiyun, perteneciente al distrito de Hengshan, en una persecución que duró 19 horas y con la participación de 300 policías.  




Fuentes:



lunes, 18 de enero de 2016

JEANNE WEBER: LA OGRESA DE PARÍS

Nació en Kerity, un pequeño pueblo de pescadores al norte de Francia, el 7 de octubre de 1874. Se marchó a París a los 14 años, contrayendo matrimonio a los 19. Se dedicaba al cuidado de niños y lo que ganaba, su marido se lo dilapidaba en la bebida. Tuvo tres hijos, de los cuales dos murieron en 1905. El 3 de marzo de ese año también murió una sobrina suya, Georgette de 18 meses de edad, mientras la cuidaba. La “causa” de la muerte fue por enfermedad, aunque unas extrañas marcas en el cuello fueron ignoradas por las autoridades médicas. El 11 de marzo fallecía la hermana de Georgette, Suzanne, de dos años, según el médico debido a unas extrañas convulsiones. El 25 de marzo, Jeanne acudió a casa de su hermano ya que se encontraba enfermo. Mientras se encontraba allí, Germaine la hija de éste, de siete meses sufrió un repentino ataque de asfixia pero sobrevivió, aunque a la mañana siguiente cuando tía Jeanne regresó, acabaría con su vida. Los médicos culparon a la difteria (que no tenía) como la causante de la muerte de la pequeña.

El 5 de abril de 1905 Jeanne invitó a dos de sus hermanas a cenar. Mientras las mujeres salían a comprar, Maurice, sobrino de Jeanne se quedó en casa con ella. Cuando volvieron la sorprendieron tratando de estrangular al bebé de tan sólo 10 meses. Jeanne Weber fue detenida, celebrándose el juicio el 29 de enero de 1906, acusada del asesinato de ocho niños, pero sorprendentemente fue declarada inocente, ya que los médicos certificaron que los niños murieron por causas naturales, por lo que fue declarada inocente y puesta en libertad a principios de febrero.

Después de todo, Jeanne Weber se separó de su marido y se trasladó a la población de Villedieu, en el centro de Francia, instalándose como trabajadora doméstica en la casa de la familia Bavouzet, y cambiando su identidad por la de madame Moulinet. El 7 de abril de 1907, el hijo de los Bavouzet apareció muerto en su cama. El médico que lo asistió certificó que el pequeño había fallecido por unas convulsiones, aunque presentaba unas marcas en el cuello. Apenas un mes después se descubrió la verdadera identidad de madame Moulinet, por lo que fue acusada de asesinar al niño. Se celebró el juicio, pero de nuevo fue absuelta y puesta en libertad en diciembre de 1907.
Portada con foto del ensayo médico 'El caso Jeanne Weber. La Ogresa y los expertos',
de los doctores Louis Doyen y Fernand Hauser (1908)
Después de trabajar como camillera en un hospital de Fourchambault, en la región de Borgoña, el presidente de la Sociedad Protectora de los Niños, el doctor Georges Bonjeau, le dio trabajo como cuidadora en un orfanato de Orgeville, para “compensar los errores que la justicia ha infligido en una mujer inocente.” Una semana después, Bonjeau tuvo que tragarse sus propias palabras ya que fue sorprendida mientras trataba de estrangular a un niño. Sin embargo, Bonjeau despidió a Jeanne y no la denunció.

Weber volvía a salir airosa nuevamente y decidió regresar a París, dedicándose esta vez a la prostitución. Se instaló en una posada donde poco después fue sorprendida estrangulando al hijo del propietario, de 10 años de edad. El padre del muchacho tuvo que pegarle varias veces para que soltara el cuerpo sin vida de su hijo.

Jeanne Weber fue detenida y sometida a juicio. Finalmente el 25 de octubre de 1908 fue hallada culpable de matar (al menos) a diez menores, aunque fue declarada enferma mental e ingresada en un hospital psiquiátrico, donde se suicidaría el 5 de julio de 1918, estrangulándose a sí misma.



viernes, 15 de enero de 2016

JOHN WAYNE GACY: POGO, EL PAYASO ASESINO

El 11 de diciembre de 1978, la madre de Robert Piest acudió a la comisaría de Des Plaines  para denunciar la desaparición de su hijo. Aunque llevaba pocas horas sin aparecer, Elizabeth se alarmó. Esa misma tarde fue a esperar a Robert a la farmacia donde trabajaba. Cuando acabó la jornada laboral, le comentó a su madre que se había citado con un contratista, quien le había ofrecido un trabajo en la construcción para el verano, por el que cobraría mucho más de lo que le pagaban en la farmacia. La policía era reticente a buscar personas que llevaban poco tiempo desaparecidas pero el jefe de detectives Joe Kozenczak, decidió buscar al chico, debido a que tenía un hijo de la misma edad que Robert y estudiaban en el mismo instituto. Inició la investigación en la tienda donde trabajaba el muchacho, y allí los empleados le dijeron que se había citado con un contratista local, John Wayne Gacy y que este había estado allí tomando medidas y fotografías para realizar un presupuesto para unas reformas.

El 13 de diciembre Gacy acudió a la comisaría donde le habían citado. Aquel hombre era un respetado hombre de negocios, involucrado con la comunidad. Se disfrazaba de payaso, haciéndose llamar ‘Pogo’ para divertir a los niños que se encontraban ingresados en los hospitales. Participaba también en la vida política, siendo coordinador de zona del Partido Demócrata, incluso se le fotografió meses antes con la primera dama estadounidense Rosalynn Carter.
John Wayne Gacy junto a Rosalynn Carter, en 1978
Gacy dijo que no conocía al muchacho desaparecido, pero cuando Kozenczak le contestó que lo habían visto junto a él en el aparcamiento cambió de opinión con sutileza, alegando que era posible que le hubieran visto cerca de él. El detective no confiaba en las respuestas de aquel hombre. Negaba todas las preguntas que le hacía sobre el muchacho demasiado rápido, sin tiempo para pensar las respuestas.

Kozenczak pidió una orden de registro que le fue concedida, aunque de modo superficial. En el domicilio de Gacy encontraron varias prendas de hombre juvenil y el resguardo de un carrete de fotos que estaba siendo revelado en una tienda de Des Plaines. El papel iba a nombre de una chica a la que Robert le había prestado una chaqueta, y que una vez le fue devuelta había olvidado el ticket dentro de uno de los bolsillos. A pesar de estos indicios, Kozenczak no tenía suficientes pruebas para acusar a Gacy, pero sí para hacerle un seguimiento. No se escondieron, y varios policías le sometieron a una vigilancia intensiva muy descarada para provocar alguna reacción en él. Al principio se lo tomó a bien, pero cinco días después le afectó. Dejó de afeitarse, empezó a beber y a consumir drogas, cambiándole el carácter, mostrándose agresivo. Incluso contrató a dos abogados para presentar una denuncia por acoso policial, alegando que la vigilancia perjudicaba sus negocios.

El 20 de diciembre, a Kozenczak le llegaron noticias acerca de los antecedentes de Gacy  que había pedido: en 1968 había sido condenado por abusos sexuales a un menor en Iowa. Fue sentenciado a diez años de prisión, pero por buena conducta salió en libertad en 1970.
Kozenczack pidió una nueva orden de registro, esta vez completa y le fue concedida. Así, el 21 de diciembre se personó en la casa de Gacy con un buen número de policías. Registraron la vivienda a fondo y allí, en un sótano encontraron tres cuerpos y partes de otros, en avanzado estado de descomposición. Gacy fue detenido y una vez en comisaría confesó haber matado a Robert Piest y a veintisiete muchachos más. Algunos los enterró en su casa y otros –incluidos Piest- los arrojó al río Des Plaines. La inspección en la casa fue tan exhaustiva que solamente el continente de la casa seguía en pie. El motivo fue que Gacy no recordaba el nombre de muchas de sus víctimas y necesitaban encontrar cualquier objeto que pudiera identificarlas. El total de muchachos asesinados por Gacy fue de 33 –siete de las cuales nunca fueron identificadas-, convirtiéndose en el asesino en serie más prolífico de Estados Unidos hasta la fecha. Había estado matando desde 1972.
Autorretrato de Gacy disfrazado de payaso,
realizado durante su estancia en prisión
BIOGRAFÍA DEL ASESINO

John Wayne Gacy nació en 1942 en Chicago. Fue el único hijo varón de John Stanley Gacy y Marion Elaine. Le pusieron ese nombre en honor al actor John Wayne, que tanto admiraba su padre. Tenía dos hermanas más, una mayor que él y otra menor. Su padre deseaba tener un chico pero pronto se frustró, dado que John tenía un comportamiento que no le agradaba, prefería ayudar a su madre en la cocina que jugar con otros chicos. Su padre era alcohólico y la familia le temía cuando bebía, ya que se mostraba violento, especialmente con John al que humillaba delante de la familia y los vecinos, llamándole a menudo “estúpido” o “marica”. John creció intentando agradar a su padre pero éste le ignoraba siempre. Cuando contaba nueve años se golpeó fuertemente la cabeza, lo que le provocó varios desmayos durante su adolescencia, hasta que los médicos descubrieron que se le había formado un coágulo por lo que fue medicado para disolverlo.

En 1964, harto de sufrir los malostratos de su padre se fue de casa, y tras una breve estancia en Las Vegas, se mudó a Sprinfield, Illinois. Allí trabajó como vendedor y conoció a la que sería su esposa, casándose en septiembre de 1964. Tuvieron dos hijos a los que Gacy adoraba. Cambió de trabajo y de residencia, colocándole como gerente su suegro en una de las tres franquicias de Kentucky Fried Chicken que poseía en Waterloo. Durante su estancia en Springfield se involucró mucho en la vida comunitaria, ascendiendo a vicepresidente de los ‘Jaycees’, una agrupación social.

Aunque pareciera que Gacy tuviera una vida organizada y normal, escondía una inclinación homosexual hacia los adolescentes, lo que le llevó a prisión en 1968 y posteriormente a violar y asesinar a 33 muchachos.

CONDENA

Gacy no admitió responsabilidad alguna en los 33 crímenes cometidos, alegando muertes accidentales, incluso intentó justifcar que tenía problemas mentales aunque los informes psiquiátricos demostraron que estaba totalmente cuerdo. El 13 de marzo de 1980 fue declarado culpable y sentenciado a 21 cadenas perpetuas y 12 penas de muerte. El 10 de mayo de 1994 fue ejecutado mediante la inyección letal.







Fuentes:

Ressler, Robert K. & Schachtman, Tom, ‘Asesinos en serie’ (1992), Ed. Ariel.



jueves, 14 de enero de 2016

MASACRES ESTUDIANTILES VIII: LA MATANZA DEL 4 DE MAYO (UNIVERSIDAD DE KENT)

ANTECEDENTES

Las protestas de gran parte de la sociedad estadounidense por la intervención militar de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam eran habituales en los años 60 y 70. No solamente hippies o estudiantes participan en ellas, sino personas de cualquier clase social, raza, cultura o profesión se unieron desde 1963 para mostrar al mundo que las decisiones belicistas del gobierno no casaban con los ideales de buena parte de sus habitantes. El momento más álgido de dichas manifestaciones se produjo tras la masacre de My Lai, en 1969, cuando el gobierno ocultó a la población durante meses que una unidad del ejército en Vietnam había ejecutado a más de 500 civiles inocentes de una aldea, en un acto genocida. Así, a finales de la década de los 60 e inicios de 1970 la sociedad estadounidense se encontraba en la cota más alta de crispación.

Tras ser elegido presidente Richard Nixon en 1968, prometió acabar con la Guerra de Vietnam durante su mandato pero esta promesa no llegaba, y lejos de materializarla, Estados Unidos comenzó el año 1970 con incursiones en Camboya y Laos. En respuesta a esta decisión, las protestas y manifestaciones masivas no tardaron en reanudarse, tras anunciar el presidente por televisión dicha invasión, el 30 de abril. A la mañana siguiente, unos 500 estudiantes de la Universidad de Kent (Ohio), iniciaron una protesta en el campus. El nivel de agitación era máximo y los disturbios por la ciudad no tardaron en llegar. La policía tuvo problemas para controlar a la multitud que descargó su ira contra las fuerzas del orden. El alcalde la ciudad tuvo que pedir ayuda al gobernador del estado.
Disturbios en el campus de la Universidad de Kent, 04-05-1970
© Bettman/Corbis
El 2 de mayo continuaron las manifestaciones, y para evitar males mayores fue enviada la Guardia Nacional. Pero lejos de apaciguar los ánimos, se calentaron más. Algunos manifestantes prendieron fuego a un edifico del campus universitario, mientras agredían con piedras a bomberos y a los miembros de las fuerzas de seguridad. Los comercios de la ciudad de Kent cerraron ante la avalancha de disturbios que se estaban ocasionando.

El domingo 3 de mayo los manifestantes dieron una tregua por la mañana pero durante la tarde se iniciaron nuevas manifestaciones. La Guardia Nacional empleó gases lacrimógenos para disolverlas. El alcalde de Kent ordenó el toque de queda y se puso en práctica a las 23 horas, obligando a los participantes a recluirse, algunos de los cuales fueron heridos por las fuerzas del orden.

EL DÍA FATAL

El lunes 4 de mayo estaba prevista una manifestación que fue prohibida por las autoridades. Se estima que unas dos mil personas se concentraron en el campus universitario. La Guardia Nacional empleó gases lacrimógenos, recibiendo una lluvia de piedras como respuesta. Seguidamente, las bayonetas calaron en los rifles y avanzaron, obligando a retroceder a la multitud y a dispersarse, pero un grupo reducido de manifestantes siguió gritando improperios a los miembros de la Guardia Nacional y lanzando piedras. Cuando la situación parecía estar controlada, de repente varios soldados se arrodillaron en fila y comenzaron a disparar con sus rifles. Cuatro personas murieron a causa de los disparos y otras nueve fueron heridas. Inmediatamente después de los disparos, una multitud de estudiantes se disponían a lanzar un ataque masivo contra los militares pero gracias a la intervención de profesores y funcionarios de la universidad, lograron convencerlos de no hacerlo. Minutos después, los estudiantes abandonaron el lugar, al igual que la Guardia Nacional, mientras las asistencias médicas se quedaron auxiliando a los heridos.
Mapa del campus de la Universidad de Kent.
Representación del momento de los disparos.
CONSECUENCIAS

Las críticas sobre las autoridades y la Guardia Nacional no se hicieron esperar. Los incidentes provocaron una huelga estudiantil en todo el país y numerosas manifestaciones. Cinco días después de los tiroteos, 100.000 personas se manifestaron en Washington DC, en contra de la guerra y repulsa por los hechos ocurridos en Kent.

Ocho de los guardias fueron acusados por un jurado pero la causa se archivó, según el juez que la instruyó porque era una acusación demasiado débil. Un miembro de la Guardia Nacional alegó que lo hicieron porque sintieron que su vida corría peligro y que un francotirador se encontraba en el lugar disparando sobre ellos, pero ningún testigo avaló esta declaración.

En 2007 Alan Canfora, un estudiante herido en las manifestaciones, encontró en la biblioteca de la universidad, una cinta que recoge el audio en el momento del suceso. La grabación fue realizada por Terry Strubbe, un estudiante de comunicaciones en la Universidad de Kent durante el suceso, quien puso una grabadora y un micrófono en la ventana de su dormitorio con orientación al campus. La grabación dura 30 minutos y se puede escuchar como alguien da la orden de disparar. Así lo determinaron dos expertos forenses ingenieros de sonido. Pero el Departamento de Justicia de los Estados Unidos determinó en 2012 que “hay barreras legales y probatorias” para reabrir el caso. También el FBI concluyó que las voces son ininteligibles y que los audios podrían corresponder a portazos.

Actualmente, las familias de las víctimas luchan para que el gobierno de los Estados Unidos rinda cuentas por la masacre, mientras cada año se celebra un memorial anual, cada 4 de mayo en la Universidad de Kent.




- Grabación de audio de Terry Strubble en CNN, DOJ Refuses to Reopen Kent State Shootings Case https://www.youtube.com/watch?v=d1GdbZuhWvI



miércoles, 13 de enero de 2016

RAMÓN LASO: EL ASESINO SERIAL DE TARRAGONA

Los Mossos d’Esquadra le seguían la pista desde hace tiempo. Ramón preparaba presumiblemente su huida a Paraguay, país de origen de su actual esposa y al cual envió numerosos objetos en el mes de febrero. Tenía su vivienda habitual en venta y el bar que regentaba se encontraba en situación de traspaso. Además tenía en su poder el móvil del desaparecido, con el que habría hecho algunas llamadas, una de ellas al Diari de Tarragona haciéndose pasar por Mauricio, en la que indicaba que tanto él como Julia estaban bien y que no querían que les buscaran. La policía catalana en un registro efectuado en el domicilio del acusado en Els Pallaresos (Tarragona), encontró bastante dinero en metálico y el teléfono. Laso hizo creer a los hermanos de Julia Lamas y su entorno que los desparecidos habían huido juntos.

La Unidad Central de Desaparecidos de los Mossos puso mucho empeño en el caso y lograron convencer a los tribunales que Ramon mató a la pareja y los había hecho desaparecer. Alegaron que Maurici estaba delicado de salud y necesitaba medicación a diario, y no existe ninguna prescripción médica hasta la fecha. Tampoco había ningún rastro vital de los dos.
Ramón Laso en un momento del juicio
Foto:ACN/Roger Segura

Así, Laso quitó de en medio a su pareja porque le estorbaba, ya que tenía una relación con Mercedes, hermana de Julia, que fue quien denunció su desaparición, aunque el móvil también pudo ser económico. A Mauricio lo habría matado para dificultar más la investigación y parecer que tenían una historia sentimental y que se habrían fugado.

A pesar de la intensa búsqueda de los mossos –incluso se utilizó un georadar- para intentar dar con los cuerpos de Mauricio y Julia, hasta la fecha no han sido localizados.

INICIO DE LA CARRERA CRIMINAL

El acusado asesinó en 1988 a su mujer, Dolores Camacho, de 25 años, estrangulándola y abandonando su cuerpo en las vías alrededor de L’Aldea (Tarragona), para simular un suicidio. El tren la decapitó. Ocho meses más tarde provocó un accidente de circulación en el que murió su hijo Daniel, de 6 años. A causa de este “accidente” cobró del seguro 3,5 millones de pesetas.

El criminal fue condenado en 1993 a 57 años de prisión, pero valiéndose de los beneficios penitenciarios contemplados en el Código penal anterior, en 1999 obtuvo la libertad provisional, a pesar de que los informes psiquiátricos del juicio determinaron que era un psicópata muy peligroso.

CONDENA

En octubre de 2014, la Audiencia de Tarragona condenó a Ramon Laso a una pena de 30 años de prisión por dos delitos de homicidio, siendo el único condenado en España sin hallarse los cuerpos de las víctimas, ni pruebas biológicas y sin obtener confesión del acusado.


martes, 12 de enero de 2016

EJECUTADO ASESINO SERIAL EN FLORIDA

La última apelación presentada por el reo Oscar Ray Bolin, de 53 años, únicamente le sirvió para vivir cuatro horas más. Su ejecución estaba prevista para las 18 horas del 7 de enero, pero se retrasó hasta las 22 horas, mientras la Corte Suprema de Estados Unidos deliberaba sobre su situación, Bolin esperaba en el corredor de la muerte de la Prisión Estatal de Florida, en Starke.

El 25 de enero de 1986 fue descubierto el cuerpo de Blanche Holley, una joven de 25 años de edad, en unos campos de naranjos. El 5 de noviembre de ese mismo año, desapareció Stephanie Collins, de 17 años en el aparacamiento de una farmacia; un mes después el cadáver de la muchacha fue hallado en un camino rural, curiosamente el mismo día que se encontraba el cuerpo de Teri Lynn Matthews, de 26 años, en el condado de Pasco, y desaparecida en el aparcamiento de una oficina de correos de la ciudad de Tampa. Las tres jóvenes fueron violadas y muertas a puñaladas.
Oscar Ray Bolin
Bolin trabajaba en 1986 como conductor de grúas de auxilio en carretera, vehículo con el cual trasladó a sus víctimas y por el que las huellas de los neumáticos sirvieron como una de las pistas que llevarían a su detención, junto a la sábana con que envolvió el cuerpo de Teri Lynn Matthews, perteneciente al Hospital Saint Joseph de Tampa, centro en el que estuvo ingresado la esposa -por aquel entonces- de Bolin, y que se llevó dicha sábana como recuerdo de su estancia en el hospital, debido a una enfermedad. Finalmente, restos biológicos de Bolin fueron determinantes para detenerlo y posteriormente condenarlo.

Su actual esposa, Rosalie Martínez –con la que contrajo matrimonio en la prisión donde se encontraba preso en 1996- fue su principal valedora, convirtiéndose en su más firme defensora en las diversas apelaciones y otros tantos juicios que se celebraron y condenaron a Bolin a la pena capital, ejecutándose el 7 de enero a las 22 horas, mediante inyección letal, certificándose su muerte 16 minutos después.



lunes, 11 de enero de 2016

ANDRÉS ULISES: EL DESCUARTIZADOR DE CHIHUAHUA

El 17 de noviembre de 2015 la policía mexicana de Chihuahua inició una investigación al ser hallada la extremidad de un cuerpo humano en el patio de una casa abandonada en la colonia Desarrollo Urbano. Dos días más tarde, se encontró el resto del cuerpo descuartizado en plena calle. La víctima era un hombre, denunciado como desaparecido el 16 de noviembre. A mediados de diciembre el cadáver de otro hombre fue hallado desmembrado, como el anterior en plena calle. La investigación de estos crímenes llevaron al descubrimiento de una tercera víctima, enterrada en la misma casa donde se encontró el primer cuerpo, por lo que fue detenido el pasado 6 de enero Andrés Ulises Castillo Villagrán, de 35 años, quien habitaba dicha vivienda abandonada.
Andrés Ulises Castillo Villagrán
Foto: Procuraduría de Chihuahua
El ‘descuartizador de Chihuahua’, como se le ha apodado al detenido, podría haber cometido los crímenes con premeditación, ya que al parecer convencía a sus víctimas para que le acompañaran a la casa, a cambio de proporcionarles droga. Luego, violaba a los hombres, para finalmente matarlos con una gran brutalidad, según fuentes de la investigación.

Andrés Ulises, es además, sospechoso de asesinar a otras doce personas, crímenes que habría cometido desde el año 2009. Dos de los tres hombres asesinados presentaban múltiples golpes muy violentos, que les habría causado la muerte, para posteriormente ser descuartizados. Otras dos víctimas que sobrevivieron fueron presumiblemente violadas también por el acusado.





Fuentes:



lunes, 4 de enero de 2016

JEAN-CLAUDE ROMAND: EL HOMBRE SIN REFUGIO

Se acercó por detrás, en silencio y con el rodillo fuertemente agarrado en su mano derecha golpeó en la cabeza a su esposa hasta asegurarse de haberle dado muerte. Salió de la cocina y se sentó en el sofá para ver la televisión con sus hijos, Caroline de 9 años y Antoine, de 5. Después llevó a sus hijos a la cama, los tumbó  boca abajo y les disparó con un rifle. Seguidamente asesinó al perro de la familia. Tras ello, subió al coche y recorrió los 80 km que separan Prévessin-Moens de Clairvaux-les-lacs, la residencia de sus padres. Durante el trayecto, mente en blanco, sin pensar en nada. Almorzó con ellos, tranquilamente. La última ceremonia con sus progenitores. El último sonido que oyeron fueron los disparos del rifle calibre 22 de, hasta ese día, el hijo perfecto. A continuación debía ir con Corinne, ya que le había prometido una comida con el Ministro de Sanidad, la última mentira. Tras recorrer juntos unos kilómetros, Jean-Claude paró el coche y le dijo a su amante que se diera la vuelta, quería darle una sorpresa. Inesperadamente ella se giró en el momento que las manos de él agarraban el cuello de ella. Corinne, mirándole a los ojos le dijo que no la matara, que pensara en sus hijas. Jean-Claude quedó desconcertado. Le perdonó la vida. Regresó a casa y encendió el televisor. Sustituyó las palomitas por una buena dosis de barbitúricos y como colofón roció la casa de gasolina y le prendió fuego. Los bomberos consiguieron rescatarle con vida. Estuvo unos días en coma y se recuperó.


Jean-Claude Romand era un hombre modelo. Padre perfecto, marido perfecto, hijo perfecto y profesionalmente…un prestigioso médico de la Organización Mundial de la Salud, en Ginebra. Todo mentira. Estudió medicina, sí pero dejó la carrera en segundo curso. No se presentó a un examen. No se sabe a ciencia cierta por qué e hizo creer a sus padres, amigos y novia (la cual se convertiría en su esposa y madre de sus hijos) que había hecho el examen y lo había aprobado. Esa fue la primera de muchas mentiras con las que tuvo engañado a todo su entorno durante 18 años.        Después se “licenciaría” en Medicina y sería contratado por la Organización Mundial de la Salud como investigador. Salía de su domicilio todos los días, parando y pasando el tiempo en los arcenes de las carreteras, devorando libros de medicina, como el actor que estudia sus guiones antes de salir a escena. De vez en cuando iba a Ginebra, al edificio de la Organización Mundial de la Salud para recoger panfletos informativos o de publicidad que después dejaría en alguna mesa al regresar a casa, para seguir adornando su falsa vida.  Se compró un teléfono portátil para el coche y esa era la forma en que su familia podía contactar con él cuando se encontraba en el “trabajo”. También “viajaba” mucho por motivos profesionales. Recorrió el mundo sin salir de Francia. Desde la habitación de un hotel galo podía visitar Londres, Nueva York o Estocolmo. Su sustento económico era el dinero que estafaba a familiares y amigos convenciéndoles de que al trabajar en Ginebra, podía invertir el dinero en bancos suízos que daban un buen rendimiento.

Todo cambió cuando su amante, Corinne, a la que también estafó y que comenzó a sospechar de esa falsa realidad, le exigió la devolución de su dinero. Preocupado por que desentrañase toda la verdad planeó liquidar a toda su familia y ejecutarlo el 9 de enero de 1993.

Emmanuel Carrère escribió el libro “El adversario” sobre este cruel y no menos sorprendente personaje. Mantuvo correspondencia con el asesino en prisión y se entrevistó con él en varias ocasiones. Al autor le marcó la experiencia y según sus propias palabras “personalmente me desestabilizó mucho”. Su sensación fue “como si hubiera vuelto de una guerra terrible”.

Jean-Claude Roman, que actualmente cuenta con 61 años de edad, fue condenado a cumplir no menos de 22 años de prisión, aunque se le podría haber concedido la libertad condicional en 2015. Hasta la fecha no ha trascendido ninguna noticia al respecto.