lunes, 21 de diciembre de 2015

OPERACIÓN OGRO: EL ASESINATO DE CARRERO BLANCO

Como cada mañana, al salir de casa, el almirante Carrero Blanco acudió a la misa en la iglesia de San Francisco de Borja. Al finalizar el acto religioso, el presidente del Gobierno franquista se sube al vehículo oficial. Aproximadamente, a las 9:27, el Dodge 3700 GT se eleva por los aires y aterriza en la cubierta del edificio ‘Casa Profesa’ -un edificio religioso de la orden de los jesuitas-,  tras una potente explosión a su paso por la calle Claudio Coello. Los tres ocupantes del coche murieron poco después en el hospital: el presidente del Gobierno, el inspector de policía que le acompañaba y el conductor. Otro vehículo de la escolta de Carrero, también sufre daños aunque en menor proporción.

En un principio, se creía que había sido una explosión de gas, aunque cuando se iniciaron las labores de investigación, se descartó, quedando como única opción la de un atentado.

LOS PREPARATIVOS DEL ATENTADO

El atentado fue ideado y perpetrado por la banda terrorista ETA. En principio se planeó el secuestro más de un año antes. La intención era secuestrar a Carrero como moneda de cambio de 150 presos etarras. Los planes dieron un giro de 180 grados cuando Franco nombró presidente del gobierno al almirante. Para ello el integrante de ETA, José Miguel Beñarán ‘Argala’, en uno de sus frecuentes viajes a Madrid contacta con una disidente del Partido Comunista, Eva Forest quien le proporciona el itinerario –siempre el mismo- que seguía todos los días el coche oficial de Carrero. En consecuencia, ‘Argala’ alquila un local en el número 104 de la calle Claudio Coello, donde excavarían un túnel y colocarían la carga explosiva en el lugar por donde iba a pasar el vehículo. El comando ‘Txikia’ fue el encargado de ejecutarlo. Lo formaban tres componentes: Jesús Zugarramurdi, alias ‘Kiskur’, José Miguel Beñarán, ‘Argala’ y Javier Larreategi, ‘Atxulo’. El atentado tenían previsto realizarlo el 18 de diciembre pero la visita del secretario de estado de Estados Unidos, Henry Kissinger a la capital madrileña, retrasaría su ejecución al 20 de diciembre, debido a que cerca de allí se encontraba la embajada del país norteamericano, y las medidas de seguridad serían mayores.


LA SOMBRA DE LA CONSPIRACIÓN

Mucho se ha escrito sobre quién perpetró el atentado realmente. Muchas de las fuentes conspiranoicas apuntan a que detrás de la operación se encontraba el gobierno de Estados Unidos y la inteligencia norteamericana. Las versiones manejadas son varias, entre ellas que Carrero representaba la continuidad del franquismo frente a otra facción franquista más aperturista. Franco, anciano y enfermo, había delegado la jefatura del gobierno en el almirante, su mano derecha y esto –según algunas versiones- no era del agrado de Nixon y Kissinger, que preferían una sucesión democrática para España, ya que los últimos contactos que habían tenido con Carrero Blanco para pactar la entrada de España en la OTAN no habían sido fructíferas. Se comenta que dos días antes del atentado, Kissinger y Carrero discutieron acaloradamente. El almirante quería un papel protagonista de España dentro de la organización atlántica. Amenazó con retirar las bases militares norteamericanas del país y llevar a término el desarrollo de armas nucleares, advirtiendo a Kissinger que España tenía todo el material necesario para realizarlo. Estas supuestas desaveniencias hicieron que la CIA contactara con fuentes del PNV (Partido Nacionalista Vasco) y ETA para tramar el atentado, aunque los servicios secretos estadounidenses simplemente se limitarían a dar información sobre los movimientos de Carrero, a través de la figura del “hombre de blanco” que habría contactado con ‘Argala’ en Madrid. En realidad, Eva Forest inventó este personaje y la pista falsa, que llevaría a forjar una leyenda alrededor del atentado. Lo dejó escrito en su obra ‘Operación Ogro: cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco’, en 1974, para protegerse ella misma.
Fuente: ABC

El explosivo utilizado por ETA en el atentado fue otro argumento que se utilizó para inculpar a la CIA. Dicho explosivo era C-4, que después de la TNT, era el más potente que existía y en principio no podía conseguirse en el mercado negro, sino que únicamente se encontraba en Estados Unidos.

La permisividad y la nula preocupación por la vigilancia en la excavación del túnel también sirvió como pretexto para elevar la acción a la categoría de conspiración , si bien ‘Argala’, al alquilar el local ya adivirtió al arrendador que era ‘escultor’. Aunque en realidad, los días en que los etarras estuvieron construyendo el agüjero no fueron sometidos a ninguna vigilancia, se debe más bien al exceso de confianza de las autoridades. Se puede achacar a que no habían antecedentes terroristas de esta envergadura que llevaran a pensar  que el presidente del gobierno podía ser un claro objetivo terrorista, y menos por parte de ETA, que había cometido pocos crímenes hasta la fecha, y no de esa entidad.

CONSECUENCIAS

El asesinato de Carrero fue un duro golpe para Franco y su gobierno. Sin duda, aceleró el fin de la dictadura. Arias Navarro –de talante más aperturista- sucedió a Carrero Blanco en la jefatura del gobierno, hasta pocos meses después de la muerte del dictador.

El caso quedó archivado durante la Transición y los autores nunca fueron juzgados, beneficiándose de la ley de Amnistía de 1977.

El 21 de diciembre de 1978, es decir, cinco años después del atentado de Carrero, José Miguel Beñarán ‘Argala’, fue víctima de un atentado de la organización ultraderechista–financiada por los servicios secretos españoles- Batallón Vasco Español. Una bomba lapa, colocada en su vehículo hizo explosión en Anglet, en el País Vasco francés, donde residía.




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