viernes, 11 de diciembre de 2015

EL SECRETO DE LAS ISLAS GALÁPAGOS

Las Islas Galápagos forman un numeroso archipiélago en el Océano Pacífico, a unos mil kilómetros de las costas de Ecuador, país al que pertenecen. Se descubieron por accidente en 1535, cuando el barco donde viajaba el obispo de Panamá, fray Tomás de Berlanga se desvió de la ruta que lo llevaba a Perú. En el siglo XVII se empieza a poblar la zona y en 1832 Ecuador se las anexiona. Los estudios de Charles Darwin en la zona fueron clave en el desarrollo de su teoría sobre la evolución natural de las especies.

A principios del siglo XX solamente unas pocas islas se encontraban habitadas (apenas medio millar en el conjunto del archipiélago), por lo que muchas de ellas eran prácticamente vírgenes, con una flora y fauna característica de la zona y parajes naturales asombrosos. No era de extrañar que personas aventureras se dejaran caer por allí e intentaran iniciar una nueva vida a lo Robinson Crusoe. Pero la dureza del entorno hizo que cualquier intento de conolizarlas quedara en vano.

La Isla Floreana fue testigo de un intento de colonización por parte de Noruega en la década de 1920. Pocos años después abandonaron dicha empresa. El relevo se produjo en 1929, cuando un médico alemán, Friedrich Ritter y una paciente, Dore Strauch, lo dejaron todo –incluso a sus respectivas parejas- para comenzar una nueva vida aventurera en las Galápagos. Se establecieron en dicha isla, trabajando duramente, levantaron una granja y cultivaron frutas y vegetales. Pronto, los nuevos “crusoe” fueron conocidos en Europa a través de la publicación de las cartas que el Dr. Ritter escribía a periódicos alemanes explicando sus vivencias en la isla. Los navegantes paraban en la isla y abastecían de productos en conserva a los habitantes. Fruto de esas noticias llegó más gente al lugar, aunque pocas personas se quedaron. Un par de años después, arribó una familia burguesa alemana, los Wittmer, cuya mujer Margret se encontraba embarazada y el hijo adolescente de él de otro matrimonio, necesitaba de un clima caluroso como el del trópico para mejorar su delicado estado de salud. Aunque la convivencia era buena, ambas familias mantenían las distancias.

Dore Strauch y Friedrich Ritter
Las cosas cambiarían cuando al poco tiempo de instalarse los Wittmer, lo harían cuatro personas más. Una extravagante y atractiva mujer austriaca llamada Eloise Wehrborn de Wagner-Bosquet. Con ella sus dos amantes alemanes, Robert Philippson y Rudolf Lorenz, además de un carpintero ecuatoriano, Manuel Valdivieso, contratado con la intención de ayudar a la construcción de un hotel llamado ‘Hacienda Paradise’ –que nunca se concretó- para la “emperatriz de las Galápagos”, como se autodenominó Eloise Wehrborn. Rápidamente se hizo famosa entre los navegantes, que frecuentemente se desviaban de su ruta para reunirse con la “emperatriz”. Se dice que incluso el Gobernador ecuatoriano de las Galápagos sucumbió a sus encantos.
La "emperatriz" de las Galápagos, Eloise Wehrborn
La tensión en la isla fue creciendo, a pesar de que la familia Wittmer terminaron por ignorar a la “emperatriz”, no así el Dr. Ritter, que la odiaba. La extravagante mujer comenzó a coleccionar amantes, fruto de las visitas que recibía en el lugar. Sus tendencias psicópaticas salieron a la luz cuando alguno de sus visitantes le regaló un arma, y ella se divertía disparando a los animales que habitaban la isla. Le gustaba pasearse con el revólver y un látigo. No era de extrañar entonces que comenzaran los conflictos entre el harén de la austriaca. Así, Philippson –el preferido de la “emperatriz”- golpeó fuertemente a Rudolf Lorenz, -que era el criado y el maltratado-.
Familia Wittmer.
De izquierda a derecha: Heinz, el pequño Rolf, Harry y Margret
Los conflictos entre los Wittmer y los Ritter con Eloise comenzaron a ser constantes. Al parecer la “emperatriz” les robaba el correo, hablaba mal de ellos a los navegantes -que después publicaban en los periódicos los acontecimientos que tenían lugar en la isla-, incluido el despilfarro de agua en época de sequía, hicieron que la tensión fuera en aumento.
El 27 de marzo de 1934, la “emperatriz” y Philippson desaparecieron. Según la versión de Margret Wittmer, la extrovertida mujer y su amante le habían dicho que el yate de un amigo había atracado a la isla y que les había invitado a marchar con él a Tahití. Ese fue el último día que fue vista la pareja. Ni existe constancia de su llegada a Haití, ni de que hubiera llegado ningún yate a la isla aquel día.
El trío de amantes.
De izquierda a derecha: Robert Philippson, Rudolph Lorenz y Eloise Wehrborn.
Rudolf Lorenz se dispuso a abandonar rápidamente Floreana. Para ello convenció a un pescador noruego llamado Nuggerud -que vivía en otra isla cercana- para que lo llevara a la Isla San Cristóbal, donde allí tomaría un ferry a Guayaquil. Pararon en la Isla de Santa Cruz para repostar pero nunca llegaron a su destino. Meses después, un barco pesquero americano encontró los cuerpos de los dos hombres momificados en la Isla Marchena, al norte del archipiélago.
El cadáver de Rudolph Lorenz momificado.
Poco tiempo después, el Dr. Ritter enfermó y murió. Se sospecha que comió pollo mal envasado y que su amante lo preparó expresamente, ya que este la maltrataba. En realidad, nunca se pudo demostrar este hecho. Dore Strauch regresó a Alemania poco después y escribió un libro tiulado “Satán vino al Edén”, donde relata su vida en la isla. Dore, murió en Berlín a causa de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial.

La única familia que quedaba en la isla no sólo sobrevivió al “apocalipsis” sino que prosperaron. Margret Wittmer tuvo a su hijo Rolf y después a Floreana, que junto a sus descendientes trabajaron y trabajan en el sector turístico en la actualidad. Margret falleció en las Galápagos en el año 2000, a la edad de 95, llevándose quizás un gran secreto consigo.




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