miércoles, 11 de noviembre de 2015

PEDRO SECO MARTÍNEZ: EL ASESINO SERIAL DE VILLARROBLEDO VUELVE A PRISIÓN

Eran las 4 de la madrugada del 23 de junio de 1991, cuando Pedro José Moreno, de 33 años de edad, al salir de una discoteca se encontró con Pedro “el Seco”, un vecino suyo de Villarrobledo (Albacete). Sin venir a cuento, “el Seco” empezó a bofetearle. Al intentar huir ante tal agresividad, se le abalanzó por detrás, le apretó el cuello con un cinturón y se lo llevó a un lugar aislado, donde le siguió golpeando, apuñalándolo en diversas ocasiones para terminar golpeándo su cabeza con una piedra. Cuando lo hallaron, el cuerpo estaba irreconocible.

A la misma hora del 30 de noviembre de 1991, y a la salida de la misma discoteca albaceteña, Juan Segundo López, de 23 años se saludó con “el Seco”, el cual le invitó a fumar “un porro”. Se fueron a un lugar aislado, y allí aplicó el mismo método de tortura que a su anterior víctima.

El 14 de septiembre de 1993, “el Seco” salía de una fiesta en Albacete con su amigo Manuel. Para volver a casa decidieron coger un taxi, sentándose en la parte trasera del vehículo. En un momento del trayecto, Pedro rodeó el cuello del taxista con su cinturón. Le obligaron a quitarse la ropa –fue descubierto únicamente vestido con calzoncillos, calcetines y sandalias- asesinándolo después. Le robaron un reloj de mucho valor, y que a la postre fue la pista que siguió la policía para detenerlos dos días después del crimen.
Pedro Antonio Seco Martínez
Foto: L.T.A.
En 1997 se celebró el juicio y los informes psiquiátricos señalaron a Pedro Seco como “un psicópata desalmado, con impulsos agresivos y violentos, actitud egocéntrica y de suma frialdad y falta de apego a la verdad”. Fue condenado a 90 años de prisión, pero se sirvió de la anulación de la “doctrina Parot” por sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, en noviembre de 2013.

“El Seco” ya había tenido altercados antes de convertirse en asesino serial. A un vecino le arrancó la falange de un dedo tras una discusión. Cuando falleció su abuelo, pinchó las ruedas de todos los vehículos que se encontraban estacionados en una calle de Villarrobledo.

Al mes y medio de salir en libertad en 2013, fue detenido por la Policía Local de su pueblo al intentar robar un vehículo, por lo que pasó siete meses encerrado. El 8 de noviembre de 2015, en un juicio rápido fue condenado de nuevo a prisión por agredir brutalmente a un vecino, por lo que tuvo que ser ingresado en un hospital. Los habitantes de Villarrobledo se han librado de él, aunque sólo sea por diez meses.




Fuentes:
Borrás Roca, Lluís, Asesinos en serie españoles. Barcelona. J.M. Bosch Editor 2002.



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