jueves, 19 de noviembre de 2015

FRANCISCA BALLESTEROS: LA ENVENENADORA DE MELILLA

Flori, cansada de las largas que le daba su nuera, se adentró en la casa para ver a su nieta. Cuando entró en la habitación, no podía creer lo que veían sus ojos: Sandra agonizaba en la cama, boca arriba y respirando con dificultad dirigió la mirada hacia su abuela para decirle algo, pero no le salían las palabras. La madre de la joven, Paqui, con total tranquilidad dijo que ya la había visitado el médico y que se recuperaría. Mientras, Ricardo, el tío de la niña llamaba a una ambulancia. Era tarde, Sandra, de 15 años de edad moriría tres días después de una cirrosis y fallo multiorgánico. Antonio, de 12 años de edad y hermano de Sandra, ingresó también en el hospital, pero sobrevivió.

Francisca Ballesteros fue detenida el 8 de junio de 2004, cuatro días después de la muerte de su hija, al ser la única sospechosa de haber envenenado a sus hijos de forma continuada, ya que al practicarle la autopsia a Sandra, se encontraron restos de cianamida -un componente que se utiliza en medicamentos para tratar a personas con dependencia al alcohol- y sedantes. Tras su detención, confiesa haber asesinado también a otra hija que murió en 1990, con tan sólo 6 meses de vida. Ante tal situación, el juez ordenó la exhumación del cadáver del marido de Francisca. Antonio había muerto meses atrás víctima de una intoxicación. Como no, la autopsia reveló que el cuerpo presentaba restos de sedantes.
Francisca Ballesteros
En septiembre de 2005 tuvo lugar el juicio. Francisca declaró que envenenó a su marido porque la maltrataba y a sus hijos por un acto de compasión, ya que se querían ir con su padre. La verdad es que sus hijos y su marido eran un estorbo, ya que había iniciado una relación con un hombre que conoció por internet. Su “amor” declaró después que ella le había engañado, diciéndole que era viuda y que su marido e hija fallecieron en un accidente de tráfico. Después de darle largas para contraer matrimonio, se cansó y cortó la relación.

Según los informes psiquiátricos, Francisca se encontraba ‘en pleno uso de sus facultades mentales y tenía autonomía total para dirigir su voluntad’.

Se sospechó que la asesina podría haber matado también a su padre y cuatro de sus hermanos, pero al haber pasado muchos años después del fallecimiento de éstos, el juez denegó la exhumación de los cuerpos, dado que no se encontrarían restos de sustancia tóxica alguna.

Francisca Ballesteros fue condenada a cumplir 84 años de prisión por tres delitos de asesinato y otro en grado de tentativa.








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