miércoles, 7 de octubre de 2015

TED BUNDY: EL ASESINO DE SEÑORITAS

Theodore Robert Cowell Bundy es sin duda uno de los asesinos en serie más famosos de la historia criminal mundial. Su agradable aspecto, su cara de chico bueno, su atractivo físico, su elocuencia y personalidad manipuladora encandilaron a gran parte de la opinión pública y medios de comunicación, quienes tendieron a suavizar su auténtica personalidad, la de una bestia que violó y asesinó a numerosas mujeres jóvenes. Fue un gran depravado, pervertido, sádico y nefrófilo que hizo numerosas atrocidades sobre ellas.

Bundy nació en 1946. Hijo de un veterano de guerra a quien no conoció. Durante los cuatro primeros años de vida fue criado por sus abuelos maternos, quienes le hicieron creer que eran sus padres, y la madre su hermana. En su juventud fue un buen estudiante de Derecho, aunque no acabó los estudios. Se le conocen dos noviazgos. La primera relación que tuvo fue con una joven de familia acomodada llamada Stephanie Brooks, con la cual inició la relación en 1967. Dos años después ella cortó la relación, aunque siguieron carteándose durante una buena época. Al poco tiempo, Bundy inició otra relación aunque no duró mucho tiempo. En 1973 volvío a reencontrarse con Stephanie con la que volvió a relacionarse pero meses después él la abandonó, de repente.
Ted Bundy.
Departamento del Correccional de Florida

El despertar del monstruo

El 4 de enero de 1974 asaltó la habitación de una universitaria, Joni Lenz, de 18 años de edad, a la que golpeó en la cabeza con una palanca metálica y la violó con la pata de una cama. La chica sobrevivió con daños cerebrales.

Apenas un mes después asaltó nuevamente, el cuarto de otra universitaria. Le asestó un golpe con una barra metálica, matándola. Su cuerpo fue hallado un año después en una montaña cercana.

Entre 1974 y 1978 cometió numerosos asesinatos en 12 estados diferentes, sin que se sepa con exactitud cuántos fueron, aunque se calcula que entre un mínimo de 35 y un máximo de 100. Las víctimas siempre eran mujeres jóvenes y guapas, universitarias la gran mayoría. El modus operandi casi siempre era el mismo: se escayolaba un brazo, escogía a su víctima y le pedía que le ayudara a colocar unos objetos que portaba en el interior del vehículo. Su encanto personal las convencía para subirse en su coche (un Volkswagen escarabajo de color claro), se desviaba a algún lugar solitario, sacaba una barra metálica que escondía bajo la escayola, las golpeaba y violaba.

A la caza de la bestia

Era el 8 de noviembre de 1974 por la noche en Murray (Utah) cuando, haciéndose pasar por policía se acercó a Carol DaRonch, y le informó de que habían intentado robar su vehículo. Con este pretexto le dijo que subiera a su vehículo para tramitar una serie de informes en comisaría. La joven accedió. Una vez en el coche, Bundy la apuntó con un revólver, sacó unas esposas y le colocó las manillas en una de las muñecas. No tuvo tiempo para más. Carol luchó, pudo zafarse y golpearle en la cara antes de huir corriendo. Paró un vehículo y el conductor la llevó a la comisaría más cercana. Allí contó lo sucedido, la descripción del agresor y del vehículo.

Esa misma noche desapareció una joven, Debby Kent, de 17 años, en el aparcamiento del instituto Viewmont, donde había ido con sus padres a presenciar una obra de teatro. En el descanso, se ofreció para recoger a su hermano de la escuela de patinaje a la que asistía. Al ver que su hija tardaba, llamaron a la policía. Se personaron unos agentes que hicieron una batida por el lugar, donde encontraron las llaves de las esposas con las que horas antes, Bundy intentó inmovilizar a Carol DaRonch. La directora de la obra de teatro, declaró más tarde que un hombre parecido al sospechoso le pidió que saliera con él al aparcamiento para indentificar un vehículo. La mujer se negó ya que estaba trabajando en la obra. Un mes después de estos hechos, un hombre testificó ante la policía que la noche en la que desapareció Debby Kent, vio como un Volkswagen de color claro, salía a toda prisa del aparcamiento. Debby sigue desaparecida en la actualidad.

Ted Bundy continuó matando. Durante aproximadamente la primera mitad del año 1975 lo hizo en el estado de Colorado. Algunas jóvenes desparecieron para siempre, otras aparecieron descuartizadas. Por aquel entonces, Bundy era probablemente el criminal más buscado de Estados Unidos, pero lejos de apaciguar su compulsión asesina, se dedicó a matar en diferentes estados, cambiando incluso de aspecto, como dejarse crecer la barba y el cabello.
Volkswagen Beetle de Ted Bundy
(National Museum of Crime & Punishment- Washington DC)
Foto: Greyloch https://www.flickr.com/photos/greyloch/4842459860/#
Detención y primer juicio

El 16 de agosto de 1975 un policía de tráfico detuvo un Volkswagen escarabajo para hacer unas comprobaciones. El conductor se dio a la fuga, aunque fue detenido poco después. En el registro del vehículo, los agentes encontraron una palanca de metal, esposas, cinta y restos de cabello de dos chicas asesinadas, Melissa Smith y Caryn Campbell que podían incriminar a Ted Bundy. Habían cazado a la bestia.

El 23 de febrero de 1976 fue el día del juicio. Bundy se mostró confiado de que no había pruebas para condenarlo. Se equivocaba. Carol DaRonch testificó, señalándole como el hombre que intentó secuestrarla. Bundy fue condenado a 15 años de prisión, el 30 de junio de 1976. El 22 de octubre de 1976 la policía de Colorado levantó cargos contra él por el asesinato de Melissa Smith y Caryn Campbell.

Bundy el fugitivo

Bundy despidió a sus abogados y decidió llevar su propia defensa. Para ello pidió permiso para visitar la biblioteca de Aspen (Colorado). Se le concedió dicho permiso. Así, el 7 de junio de 1976 se fugó saltando desde una ventana del edificio. Se torció un tobillo, pero aun así estuvo 6 días fugado, hasta que fue detenido.

Por increíble que parezca, en enero de 1977 volvió a escapar. Esta vez lo hizo trepando por los techos de la prisión donde se encontraba recluido. El personal de la cárcel no se percató de su fuga hasta pasadas 15 horas. Le dio tiempo suficiente para huir a Chicago y después a Florida, donde siguió matando.

Nueva captura y final

El 14 de enero de 1977 asaltó el edificio de la fraternidad Chi Omega, en Florida. Atacó a cinco chicas jóvenes. Dos fueron asesinadas y una de ellas violada. Otras dos sobrevivieron pero fueron gravemente heridas.

El 9 de febrero de 1978 secuestró a una niña de 12 años. Una amiga la vio subirse a una camioneta blanca, aunque no vio al conductor. Dos meses después apareció el cuerpo de la chica. Tras este crimen estuvo a punto de ser detenido pero pudo escapar. Se deshizo de la furgoneta blanca y robó un coche, siendo detenido poco después por un policía de tráfico al comprobar las placas de matrícula del vehículo.

El 25 de junio de 1979 fue juzgado en Miami (Florida). Demasiadas pruebas le inculpaban. Una testigo de Chi Omega le reconoció. Aunque él proclamaba a los cuatro vientos su inocencia, las pruebas lo delataban. Nunca reconoció los crímenes, incluso tuvo la desfachatez de afirmar que él era una víctima del sistema, de una farsa, de injusticia y abuso sobre su persona.

El 31 de julio de 1979 fue condenado a la pena de muerte en la silla eléctrica por los asesinatos de Lisa Levy y Margaret Bowman, las dos chicas de la fraternidad Chi Omega.

El 7 de enero de 1980 fue juzgado por el crimen de su última víctima, la niña Kimberly Leach por el que también fue condenado a la pena capital.

Bundy continuó pregonando su inocencia y apeló en numerosas ocasiones, hasta agotar todas las oportunidades, utilizando sus armas encantadoras para ello, retrasando así el día de su ejecución. Incluso trató de negociar con las familias de las víctimas aludiendo que confesaría todos los crímenes, pero se negaron unánimemente. También tuvo el cinismo de chantajear a la policía y al FBI de ayudarles en la captura de otros asesinos en serie.

Los últimos días antes de la ejecución concedió numerosas entrevistas, confesando algunos de sus crímenes aunque siempre con ambigüedades. Finalmente, la bestia fue electrocutada el 24 de enero de 1989, en Bratford (Florida).


Referencias:
Robert Ressler, Tom Shachtman, Asesinos en serie, editorial Ariel, Barcelona España (2005)


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