lunes, 19 de octubre de 2015

RICKY LEE GREEN: EL CASTRADOR DE FORT WORTH

Ricky fue un niño maltratado por su padre, cuyo hobbie era hacer correr a su hijo mientras le disparaba con una pistola de perdigones. Insultos y palizas era el trato más suave que recibía de sus familiares más cercanos. También era amenazado constantemente con ser castrado si no dejaba de orinarse en la cama. Su abuelo inclusó abusó sexualmente de él en varias ocasiones, sodomizándolo.

A los 15 años de edad comenzó a prostituirse, ofreciendo su cuerpo a los hombres para pagarse su adicción a las drogas y al alcohol. En febrero de 1984, cuando contaba 24 años de edad se casó, aunque el matrimonio únicamente duró dos meses. Ricky bebía en exceso y creía que su mujer se acostaba con otros hombre. Fruto de esas sospechosas, una noche la violó amenazándola con un cuchillo. Tras ello, Mary lo abandonó.

Semanas después, conoció a una mujer con la que se iría a vivir pronto. Su relación se basaba en el sexo y el alcohol. Una noche, mientras copulaban, Sharon pinchó el pene de Ricky con una aguja y seguidamente absorbió la sangre que emanó del miembro y aunque en un principio él se resistió, luego le agradó dicha práctica. La pareja terminó casándose poco después.


Los crímenes

La primera víctima de Ricky fue un adolescente de 16 años llamado Jeffrey Davies. Una noche de abril de 1985 conoció al joven y le invitó a que pasara un rato con él en su casa, dado que Sharon se había ausentado esa noche. El muchacho accedió. Al parecer, Ricky detuvo su vehículo en el arcén de la carretera para orinar. Cuando se dispuso a arrancar para proseguir la marcha, Jeffrey le pidió que le tocara. Ricky respondió con ira y empezó a golpearle. Paró en una zona aislada de Fort Worth (Texas) mientras volvió a golpear al chico. Finalmente, lo castró y abandonó allí su cuerpo, el cual fue descubierto un día después.

La segunda víctima fue una joven de 28 años, Betty Jo Monroe, una bailarina de streaptease, quien estaba haciendo autostop en la carretera US 287, en la ciudad de Fort Worth. Ricky le ofreció su casa para que se aseara. La chica accedió y subió al vehículo. Una vez en el domicilio los dos tuvieron sexo en la ducha. Al finalizar se dirigieron a recoger a la mujer de Ricky al trabajo. Volvieron al apartamento y mantuvieron relaciones los tres, con Betty atada en la cama. No contentos con ello, Ricky y Sharon la apuñalaron hasta darle muerte y seguidamente fornicaron bañados en su sangre. Cuando acabaron metieron el cadáver en el coche y lo abandonaron en una zona aislada, a las afueras de Fort Worth.

A la pareja les gustó su nuevo método perverso de satisfacer su particular ego sexual. Así, un mes después Ricky conoció a una joven mujer en un bar de Lake Worth, Sandra Lorena Bailey, de 27 años a la que propuso pasar la noche en su casa. La chica accedió, corriendo la misma suerte que Betty Jo.

A finales de 1986, Ricky conoció a un joven ejecutivo de la televisión local de Fort Worth, KXAS, llamado Steven Fefferman, de 28 años de edad en un paraje frecuentado por homosexuales. Los dos intimaron y fueron a la casa de Steven. Ricky le propuso como juego sexual que le atara a la cama, para luego cambiar el rol. Una vez hubo atado a Steven lo apuñalo en varias ocasiones mientras gritaba que odiaba a los homosexuales. Aún con vida, Steven lo castró. Después registró la vivienda, robó dinero y huyó. Cuando llegó a su casa le contó a su esposa lo ocurrido.
Sharon Dollar

Detención y ejecución

El matrimonio se fue desgastando y su relación fue a menos. El alcohol y las drogas les pasó factura por lo que Sharon acabó abandonando a su marido y entregándose a la policía, confesando los crímenes. Una noche de abril de 1989, las fuerzas de seguridad detuvieron a Ricky, quien confesó los crímenes pero no se arrepintió, declarando sobre sus víctimas que “eran escoria y se lo merecían”. Sharon Dollar fue condenada a 10 años de prisión condicional por su participación en dos de los asesinatos. Ricky Green, por su parte se le condenó a la pena capital por el crimen de Steven Fefferman y a tres cadenas perpetuas por los demás asesinatos, aunque se cree que pudo haber cometido ocho más.

El 8 de octubre de 1997 Ricky Lee Green fue ejecutado por inyección letal en la penitenciaría de Huntsville, Texas. Antes de suministrarle las sustancias mortales dirigió la mirada a los familiares de sus víctimas, que observaban tras el cristal sus últimos instantes de vida y pronunció sus últimas palabras: “Esto para mi es otro asesinato y no va a resolver nada. Siento que mi castigo acaba y ahora mis amigos y familiares les toca sufrir”.  



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