miércoles, 9 de septiembre de 2015

MASACRES ESTUDIANTILES (I): LA MASACRE DE ENOCH BROWN

       Parece que las masacres contra estudiantes en centros de enseñanza sea cosa del presente. Se culpa a menudo, o por lo menos tenemos la percepción que el estudiante de turno que entra en un colegio, instituto o universidad y dispara a diestro y siniestro contra todo ser viviente que respira, lo haga a causa del entorno socio-cultural contemporáneo en el que vivimos, o un acto de locura le haya empujado a cometer dicha acción.
            Pues veremos que no tiene por qué ser así necesariamente. La historia de las masacres estudiantiles empezaron, por desgracia hace muchos años y no fue precisamente un estudiante, ni un grupo terrorista, ni ningún extremista de cualquier índole política o religiosa que nos podamos imaginar.
            Eso sí, fue en lo que actualmente es Estados Unidos, cuando aún no era una nación, y que a la postre y en forma de preludio sería el primer país del mundo con el mayor número de casos y asesinatos en masa de este tipo que registraría en un futuro.


            Corrían los últimos años del colonialismo en las tierras que hoy conocemos como Estados Unidos y Canadá. Francia e Inglaterra se enfrentaron en una guerra fruto de sus ansias expansionistas, por la que se disputaban numerosos territorios a escala mundial. En Europa fue conocida como la “guerra de los siete años” y “guerra franco-india”, en América del Norte.
            Los británicos fueron los vencedores, y por ello muchas zonas conquistadas por los franceses les fueron traspasadas.
            A los indios no les hizo ninguna gracia que los ingleses se asentaran en aquellos territorios, pues con los galos habían tenido buenas relaciones, en cambio los británicos les trataron mal, según ellos como esclavos.
            Así pues, diversas tribus de la zona de los Grandes Lagos se unificaron e iniciaron una guerra contra los colonos británicos en mayo de 1763, conocida como ‘Rebelión de Pontiac’, en honor al jefe indígena más importante del conflicto bélico, Pontiac, líder de la tribu de los ottawa.
            La guerra se caracterizó por la brutalidad empleada en ambos bandos. Los ataques de los indios consistían en atacar fuertes y asentamientos ingleses, donde mataron a muchas personas e hicieron centenares de prisioneros.
Monumento erigido en 1880 en memoria a las víctimas
Autor fotografía: Smallbones
            El 26 de julio de 1764 tuvo lugar el suceso más conocido de aquella guerra, cuando cuatro indios de la tribu de los delaware asaltaron una escuela en Pennsylvania, cerca del actual municipio de Greencastle, en el condado de Franklin. El profesor, Enoch Brown les hizo frente pero murió de un disparo y su cabellera fue cortada. La misma suerte corrieron nueve de sus alumnos, que fueron masacrados a golpe de hacha y su cuero cabelludo también arrancado. Dos de los niños sobrevivieron y cuatro fueron hechos prisioneros. Un día antes, mientras se dirigían al colegio, encontraron a una mujer sóla, embarazada a la que mataron, arrancando su cabellera y al niño que portaba en su vientre.
            Al regresar a su poblado, algunos jefes tribales e indios veteranos se disgustaron sobremanera por haber matada a tantos niños, lo que calificaron la acción de cobardía. Testigo de ello fue un prisionero llamado John McCullough, quien presenció dichas situaciones.
            Las víctimas fueron enterradas en una fosa común y en 1885 a la zona se la llamó Enoch Brown Park, donde se erigió un monumento en su memoria.         


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