lunes, 28 de septiembre de 2015

LA GUERRA DE INVIERNO

El 30 de noviembre de 1944 el poderoso ejército soviético invade Finlandia. 400.000 hombres cruzan la frontera para intentar sometar a sus vecinos nórdicos, rompiendo así el pacto de no agresión que Stalin firmó con su homólogo finés en 1932, y que ratificaron en 1934.

Stalin temía una invasión de la Alemania nazi a través de Finlandia, ya que fueron aliados en la Primera Guerra Mundial y los lazos de unión entre ambos países seguían siendo sólidos. Leningrado (actual San Petersburgo) y segunda ciudad del país, se encontraba a unos 30 km de la frontera con Finlandia, y por lo tanto un punto muy vulnerable.

En abril de 1938 la Unión Soviética intentó un pacto con el país nórdico para defenderse de Alemania, además de intercambiar una serie de territorios fronterizos. Ante la ausencia de avanzar en las negociaciones por parte del gobierno de Helsinki, en otoño de 1939 los soviéticos lanzaron un ultimátum a los fineses: la frontera tenía que retrasarse unos 25 km; debían permitir establecer una base naval en la península de Hanko durante 30 años. A cambio, los soviéticos cederían gran parte de la zona de Carelia, mucho más grande que los territorios demandados pero menos desarrollados. Lógicamente, el presidende de Finlandia Urho Kekkonen, se negó a tales exigencias, por lo que la Unión Soviética realizó una operación de bandera falsa, bombardeando el territorio ruso fronterizo de Mainila, culpando así a los finlandeses de tal agresión y tener un pretexto para romper el pacto que les unía de no agresión e invadir el país.
Tropas de soldados esquiadores.
Enero 1940
Desarrollo de la guerra

Finlandia solamente pudo movilizar a 300.000 hombres entre militares y reservistas, además de algunos miles de extranjeros que se alistaron –principalmente suecos, noruegos y daneses-. En principio no tenían nada que hacer ante el gigante soviético –casi un millón de hombres-, que invadió Finlandia el 30 de noviembre de 1939 por varios frentes, por tierra –con tanques y tropa- y por aire. La única baza que podían jugar era la guerra de guerrillas y atacar a grupos reducidos, evitando el enfrentamiento en campo abierto.

Las primeras semanas los soviéticos hicieron patente su poderío bélico, haciendo retroceder a los fineses con tropas de tierra y principalmente tanques, pero aprendieron a inutilizar los tanques. Para ello los soldados se acercaban colocando bombas lapa.

En diciembre de 1940, el frío hizo mella en las tropas soviéticas, peor equipadas que las finlandesas, que vestían uniformes blancos para camuflarse y se movían mediante esquíes, utilizando las llamadas “tácticas motti” que consistían en romper las divisiones enemigas mediante emboscadas, disparándoles hasta dividir a los batallones. Una vez divididos contraatacaban mediante francotiradores, acabando con ellos.

En enero de 1940 el Ejército Rojo contaba muchas más bajas que los fineses que estaban mejor equipados y tácticamente mejor preparados. Los soviéticos contaban además con oficiales inexpertos, fruto de las purgas estalinistas sufridas años atrás en el ejército.

El 13 de marzo de 1940 se firmó el armisticio. Medio millón de soldados soviéticos perecieron en la contienda, por tan sólo 23.000 bajas del país invadido. Finlandia cedió parte de su territorio fronterizo a la Unión Soviética –un 10% del total-, además del 17% de su sistema ferroviario, el 10% de las zonas de agricultura, el 11% de los bosques y el 17% de su capacidad eléctrica. Aunque en un principio sorprendiera que el país finés entregara parte de su territorio a pesar de la victoria en el campo de batalla, se temía que el poderoso Ejército Rojo acabase por apoderarse de toda la nación.

Stalin tomó nota de la mala organización que contaban sus tropas y del mal funcionamiento de la maquinaria bélica terrestre, dotándolo de mejores profesionales al mando y de vehículos de mayor calidad, que sirvió para que la Unión Soviética saliera victoriosa en su enfrentamiento con los nazis en la próxima Guerra Mundial.

La muerte blanca

Un nombre se escribió con mayúsculas en esta guerra. Simo Hayha, apodado “la muerte blanca” por el ejército soviético, fue un francotirador finés que intervino en la Guerra de Invierno en la compañía JR 34 en las inmediaciones del río Kollaa, en la batalla que llevaría el mismo nombre, más conocida como “el milagro de Kollaa”, donde unos pocos batallones de soldados nórdicos acabaron con 160.000 soldados soviéticos en toda la contienda, soportando temperaturas de hasta 40º bajo cero.

Simo Hayha
Hayha era un tirador excepcional, sin lugar a dudas, aunque se servía de pequeñas genialidades que lo hacían invisible a ojos del enemigo. Se negaba a usar miras telescópicas, dado que el reflejo le podía delatar. También se llevaba nieve a la boca para que el vaho tampoco le dejase a merced de la muerte y además sumaba una corta estatura de 152 cm. Todo ello hizo que en apenas 100 días aniquilara a más de 500 soldados en la contienda, aunque podrían haber sido más sino fuera porque una bala lo hirió en la cara a pocos días del final de la guerra.

A día de hoy es el francotirador más prolífico que existe.



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