lunes, 21 de septiembre de 2015

EL BOSQUE DE AOKIGAHARA (EL BOSQUE DE LOS SUICIDIOS)

Japón es sobradamente conocido como uno de los países más desarrollados del mundo. Pero por desgracia, lo es también por ser uno en los que más suicidios hay. Las causas no difieren de cualquier otro país del mundo, así las personas que deciden quitarse la vida lo hacen por enfermedad en primer lugar. En segundo y tercer lugar lo ocupan los problemas económicos y laborales, según datos de la Agencia Nacional de Policía de Japón (2007).

A finales de los años noventa del siglo pasado Japón vivió el estallido de una fuerte crisis económica, lo que afectó al régimen de vida corporativista de la sociedad nipona, en la que sus habitantes son educados con el propósito de ser leales a sus familias, y no sólo a la sanguínea, sino a la empresa dónde trabajan y también a su país.

Como digo, la crisis económica afectó a los cimientos de la sociedad, por lo que los trabajos dejaron de ser indefinidos y más precarios, rompiendo los esquemas de sus habitantes, sobre todo de los más jóvenes, que son los que más se quitan de en medio.

El método usado más comúnmente no es el tradicional harakiri, ni si quiera como se suele creer es arrojarse a las vías del tren, sino que el preferido es el ahorcamiento.

Curiosamente hay un lugar donde se han encontrado hasta la fecha centenares de cadáveres desde 1950. Es el bosque de Aokigahara, que significa “mar de árboles” en castellano. Dicho bosque se encuentra en la base del Monte Fuji, que cuenta con 35 km2 de tenebrosa belleza vegetal, ocupando el segundo lugar del mundo más elegido para suicidarse, después del puente Golden Gate de San Francisco.
Autor: Jordy Meow

Desde 1988 el número de personas suicidadas en el lugar no ha parado de crecer, por lo que las autoridades locales decidieron en 2003 dejar de publicar los datos para no asociar más el bosque con el suicidio.

Sorprendentemente, Aokigahara se ha convertido en uno de los lugares más visitados por los turistas en el país del sol naciente. Es común que los visitantes puedan encontrarse con los cadáveres, que no han sido retirados por considerarse una señal de respeto al difunto. Además hay numerosos carteles por la zona con mensajes de desistimiento dirigidos a quienes van al lugar con intención de quitarse la vida.

Cada año, unos 300 operarios se adentran en el bosque para localizar cuerpos. Igualmente, la policía patrulla constantemente los alrededores del lugar para localizar posibles suicidas.

No deja de ser curioso que la mayoría de los cuerpos que descansan en el bosque son de personas jóvenes (una media de 30 años de edad). Tampoco no se sabe a ciencia cierta por qué cada año decenas de personas eligen este lugar para suicidarse. Una de las causas puede ser por que si lo hacen en otros lugares, como por ejemplo las vías del tren, los familiares deben correr con los gastos que ocasionan la retirada del cuerpo, retrasos y molestias a los demás. Otro motivo sea quizás la paz, tranquilidad y soledad que transmite tan bello y misterioso lugar.


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