lunes, 14 de septiembre de 2015

DAN B. COOPER: EL MISTERIO DEL SECUESTRADOR DESAPARECIDO

       Dan Cooper tomó el vuelo 305 de la compañía Northwest Orient Airlines en Portland, el 24 de noviembre de 1971. El pasajero de porte distinguido, vestía impecable con traje y corbata, además llevaba puestas unas gafas de sol que no se quitó en ningún momento. Se sentó en un asiento de la última fila del Boeing 727 que le llevaría a él y a 36 personas más a Seattle. Pidió un bourbon con soda. Seguidamente llamó a la azafata, Florence Schaffner para darle una nota. Ella se la guardó en el bolsillo pero él insistió en que la leyera atentamente. La nota decía: “Tengo una bomba en el maletín. El avión está secuestrado”. Y lo abrió para mostrar que lo que decía era cierto. A cambio de la vida de los pasajeros y la tripulación, el extraño pasajero pedía 200.000 dólares en billetes de 20, además de cuatro paracaídas.
            Una vez enterada la tripulación (los pasajeros no fueron informados del secuestro), el avión aterrizó en Seattle haciendo entrega al secuestrador de todo lo que había pedido y él, cumpliendo con su promesa, liberó a los 36 pasajeros y a dos azafatas pero no así al resto de la tripulación y la azafata Tina Mucklow, que fue la última persona que le vería.
Cartel de búsqueda y captura
con la foto robot del sospechoso (FBI)
            Cooper dio órdenes al piloto de conducir el avión hasta México, aunque antes debía efectuar un aterrizaje en Nevada para repostar. Además dio instrucciones sobre qué rumbo tomar, la altitud a la que tenía que volar, cómo colocar las alas del avión y que de ningún modo sellará las puertas de salida. Después se colocó todos los fajos de billetes entre la ropa y saltó sobre una zona de bosques y montañas, a  más de 3000 metros de altitud, en el Estado de Washington. Nada más se supo de él.
            Las investigaciones nunca dieron con el paradero del secuestrador. No se encontró su cuerpo ni ningún indicio que pudiera sospechar de su paradero en el momento de la caída o después de esta.
            Se sospechó que Cooper era un experimentado paracaidista, posiblemente militar. El FBI interrogó a numerosos paracaidistas profesionales pero ninguno casaba con la descripción, eran demasiado jóvenes o tenían coartadas sólidas para situarlos en ese vuelo.
            Ninguno de los pasajeros tampoco lo recordaba, incluso se barajaba la posibilidad de que Dan B. Cooper fuera una identidad falsa.
Billetes encontrados por un niño en el río Columbia (1980)


            En 1980 un niño encontró varios paquetes con billetes de 20 dólares a orillas del río Columbia, certificándose por los números de serie que formaba parte del dinero con el que saltó Cooper.
Retrato robot del FBI. A la izquierda el aspecto que podría tener D.B. Cooper en 1971.
A la derecha el aspecto que podría presentar en la vejez, de estar vivo.
            Numerosas personas alegaron desde entonces conocer al secuestrador. La mayoría afirman que era un pariente cercano ya fallecido, pero los investigadores nunca han dado por sentadas estas afirmaciones, siendo algunos y en el mejor de los casos sospechosos.
            La zona donde pudo haber aterrizado Cooper pertenece al término de la población de Ariel y allí goza de una tremenda popularidad. Como si fuera un Robin Hood, en el pueblo adoran la figura de este misterioso personaje, donde cada año, el 24 de noviembre brindan por él en la taberna del municipio que tiene hasta un pequeño altar en su honor, convirtiéndose en un lugar de peregrinaje de numerosos admiradores.
            Cabe señalar que después de este suceso, los aeropuertos se dotaron de mayor medidas de seguridad, como los detectores de metales que actualmente se usan para registrar a los pasajeros.
            Actualmente, el caso de D. B. Cooper sigue abierto, recibiendo el FBI aún numerosas comunicaciones de personas que aseguran haberlo conocido o dando pistas nada consistentes,



hasta la fecha.


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