sábado, 22 de agosto de 2015

WILLIAM HEIRENS: EL ASESINO DEL PINTALABIOS

Nacido en Evanston, Illinois (Estados Unidos), el 15 de noviembre de 1928. Pasó una dura infancia, marcada por la pobreza y las peleas en el hogar familiar. Para liberar tensiones, y según explicaría tras su detención, pasaba el tiempo libre robando en las casas, almacenando los objetos que sustraía –nunca vendió ninguno-.
            En su adolescencia fue detenido por diversos robos e incendios e internado en un centro católico como alternativa a la prisión. Se descubrió que Heirens tenía fantasías sexuales muy extrañas, un subtipo de fetichismo. En la soledad de su estancia se vestía de mujer, mientras pegaba fotografías de líderes nazis en un álbum. Finamente, acabó sus estudios de secundaria con buenas notas y fue reinsertado en la sociedad.
            A la edad de 16 años dio un salto en su carrera criminal, en la que ya no se conformaba con robar. El 5 de junio de 1945, Heirens entró en un apartamento y mató a puñaladas a la propietaria de 43 años, Josephine Ross, tras sorprenderlo robando. Unos meses después, en diciembre pasó lo mismo en otra vivienda, aunque esta vez, además de apuñalarla, le disparó a Frances Brown en la cabeza. Tras el crimen, el asesino dejó un mensaje escrito en la pared con pintalabios rojo: “Por el amor de Dios cogedme antes de que vuelva a matar. No puedo controlarme”.
Mensaje que dejó escrito Heirens con pintalabios
 en la pared del domicilio de su segunda víctima.
                El 7 de enero de 1946, entró en un segundo piso ayudado por una escalera. Esta vez fue aún más lejos. Sacó  a una niña de seis años de su cama, y en su lugar dejó una nota en la que pedía un rescate de 20.000 dólares por la pequeña. En realidad, no pensaba en un rescate. Descuartizó el cuerpo de Suzanne, y arrojó sus partes en diversos lugares de la ciudad de Chicago.

            El joven William  estudiaba por aquel entonces en la Universidad de Chicago. Tras cometer los crímenes volvía tranquilamente a su habitación en el campus. Fue detenido por casualidad mientras huía tras intentar robar en una vivienda. Un policía fuera de servicio lo detuvo, pero Heirens se resistió e intentó dispararle dos veces, aunque se le encasquilló el arma. Por suerte, llegó otro policía en su ayuda, golpeando a Williams con una maceta y dejándole inconsciente.
            Tras su detención, Heirens confesó los crímenes, aunque declaró que lo hizo bajo torturas policiales, aunque después se retractó diciendo que él no era el culpable. En realidad acompañó a los investigadores a los lugares donde se cometieron los crímenes, reconstruyendo los hechos con pelos y señales.
Heirens (izquierda) en un momento de su custodia.
            En el juicio se declaró culpable de los tres crímenes, evitando así la pena capital, siendo condenado a cumplir tres cadenas perpetuas.
            William Heirens murió en prisión a la edad de 83 años. Pasó encerrado 65 años, siendo uno de los presos que más tiempo ha pasado encarcelado en la historia de Estados Unidos. Su caso fue muy polémico, ya que nunca perdió la esperanza de salir en libertad. Tanto sus abogados como otros sectores de la sociedad consideraban que estaba preparado para resocializarse, dando muestras de ello siendo el primer preso que obtuviera una licenciatura universitaria, además de ser un preso modélico, participando activamente en la vida diaria del centro penitenciario.



Fuentes:

Ressler K, Robert y Shachtman, Tom (1992). ‘Asesinos en serie’, ed. Ariel, 2012


No hay comentarios:

Publicar un comentario