jueves, 27 de agosto de 2015

LEONARDA CIANCIULLI: LA JABONERA DE CORREGGIO

Nacida el 14 de abril de 1894, en la ciudad italiana de Montela. Su infancia se caracterizó por el odio que sentía la madre hacia ella debido a que su existencia fue fruto de una violación. No es de extrañar que intentara suicidarse dos veces en su juventud.
            En 1917 se casó con un funcionario. El matrimonio nunca fue aprobado por su madre, que había amañado una boda con un primo de Leonarda. A partir de este momento y debido a que era una mujer muy supersticiosa, creyó que su madre la había maldecido.
            El matrimonio se trasladó a la ciudad de Lauria en 1921, donde seis años después el marido de Leonarda fue encarcelado por fraude. Cuando cumplió la condena se mudaron de nuevo, en esta ocasión a Lacedonia, donde en 1930 hubo un gran terremoto, destruyendo la casa de Leonarda y Raffaele, lo que les obligó a cambiar de residencia de nuevo. El destino fue Correggio. Allí abrieron una pequeña tienda, donde se hizo famosa por su amabilidad.
           Leonarda quedó embarazada en 17 ocasiones. Tuvo 3 abortos. Diez hijos murieron en la infancia, por lo que a los 4 hijos que sobrevivieron los protegió sobremanera.
            En 1939, su hijo mayor Giuseppe se alistó al ejército para combatir en la Segunda Guerra Mundial, y para protegerlo creyó que debía hacerlo mediante sacrificios humanos.
            Las vecinas tenían la convicción de que Leonarda traía buena suerte y muchas veces acudían a ella para recibir consejo, convirtiéndose así en la adivina del pueblo.
            Faustina Setti era una mujer madura que nunca se había casado. Leonarda la invitó un día a su casa para hablarle de un hombre de la ciudad de Pola que estaba interesado en contraer matrimonio. Por el “servicio” la engañada pagó con todos sus ahorros, 30.000 liras. Leonarda le sirvió una copa de vino con veneno. Al morir, descuartizó el cuerpo con un hacha y vertió la sangre en un recipiente. Los trozos los sumergió en una olla con agua hirviendo y sosa cáustica, hasta convertirlo en una masa espesa convirtiéndola en jabón. Con la sangre esperó a que se coagulara para hacer pastas que servía a sus amigas cuando iban a tomar a té.
Leonarda Cianciulli. Fotografía de la ficha policial
            La segunda víctima fue Francesca Soavi, a quien engañó diciendo que le había encontrado un trabajo como profesora en una escuela de Piacenza, lo que le costaría 3.000 liras y la vida. La invitó a su casa, y la asesinó del mismo modo que lo hizo con Faustina Setti.
            Virginia Cacioppo fue la tercera y última víctima de Leonarda. A ella la “colocó” como secretaria de un empresario de Florencia. Acudió a la llamada de la “adivina” y una vez en su casa, procedió del mismo modo que a las dos anteriores víctimas, aunque esta vez a la olla le añadió colonia. Le pagó 50.000 liras y varias joyas.
            La cuñada de la última víctima sospechó que Leonarda estaba detrás de las desapariciones por lo que dio aviso a la policía, que tras investigar el caso, interrogó a la asesina, confesando los tres crímenes.
Utensilios utilizados en los crímenes
            En 1946 se celebró el juicio, condenando a Leonarda a 33 años de prisión por los tres asesinatos cometidos entre 1939 y 1940. Murió el 15 de octubre de 1970.
            Algunos de los utensilios que se sirvió para descuartizar y cocinar a sus víctimas se exponen en el Museo Criminológico de Roma.




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