martes, 25 de agosto de 2015

CARLOS ROBLEDO PUCH: EL ÁNGEL MALDITO

La madrugada del 15 de marzo de 1971, Carlos Robledo y su compinche Ibáñez entran por una ventana en la discoteca ‘Enaumor’. En principio su idea es robar el dinero de la caja. En total 350.000 pesos. Descubren a dos hombres durmiendo: el dueño del local y el sereno. Sin venir a cuento, Robledo Puch saca su pistola y les dispara un tiro certero a la cabeza a cada uno.
            El 9 de mayo de 1971, también de madrugada Robledo e Ibáñez acceden a un establecimiento donde venden recambios para vehículos de la marca Mercedes-Benz. Robledo descubre un dormitorio donde duermen una pareja y su bebé. Ni corto ni perezoso dispara sobre ambos. El hombre muere y la mujer, herida sufre un intento de violación de Ibáñez. El bebé llora en su cura y Robledo le dispara pero la bala roza el cuerpo del pequeño y sobrevive. Se llevan 400.000 pesos de la caja.
            La siguiente víctima será el vigilante del supermercado “Tanti”. La noche del 24 de mayo de 1971, los dos delincuentes acceden por el techo del local y roban cinco millones de pesos de la caja. Son sorprendidos por el sereno, por lo que Robledo le dispara dos veces, matándolo.  
            Son las 23 horas del 13 de junio de 1971. Ibáñez accede al interior de un garaje y mata de un tiro al vigilante. Seguidamente roba un coche Ford Fairlane y recoge a Robledo. Sin rumbo fijo pasan por delante de una discoteca, de la que sale una chica. Ibáñez –que tomaba el rol de líder- ordena a su amigo que la traiga. Robledo –que tomaba el rol de ejecutor- obedece y a punta de pistola secuestra a la joven de 16 años, introduciéndola en el coche. Ibáñez intenta violarla, pero la chica se resiste, por lo que su agresor la deja marchar, ordenando a Puch que dispare sobre ella. Nuevamente obedece. La carrera de la joven no le sirve para salvar la vida. Cinco disparos alcanzan su espalda.
            Once días después, el 24 de junio de 1971 repiten el mismo crimen. Secuestran a otra joven mientras ésta sale de una discoteca. Ibáñez intenta violarla, pero la deja escapar. Robledo la dispara varias veces mientras corre, asesinándola.
            El 5 de agosto de 1971, Robledo Puch conducía el coche de su padre a toda velocidad por la Avenida Cabildo de Buenos Aires. Tienen un accidente en una zona en obras, muriendo Ibáñez. Carlos Robledo vacía los bolsillos de la ropa de su amigo y le sustrae su documento de identidad,  marchándose sólo a pie.
           Robledo Puch se busca otro socio criminal, Héctor José Somoza. Así, el 15 de noviembre de 1971, los dos entran por el techo de un supermercado, acribillan a balazos al vigilante. Al abrir la caja, descubren que está vacía.
            Dos días después, el 17 de noviembre de 1971 asaltan un concesionario de vehículos matando al vigilante, pero en la caja hay poco dinero.
            El 25 de noviembre de 1971, atracan otro concesionario, matando nuevamente al vigilante del lugar. Esta vez el botín es de un millón de pesos.
            Se toman más de dos meses de descanso, y la madrugada del 3 de febrero de 1972 asaltan una ferretería. Como siempre, Robledo mata al vigilante y con un soplete inicia la apertura de la caja fuerte. De repente se gira y quema la cara de Somoza para después matarle de un disparo.  Seguidamente consigue abrir la caja y huir con el botín.
            Robledo Puch comete un gran error. En su huida olvida que su documento de identidad está en un bolsillo del pantalón de Somoza. Así, la policía le detiene tres días después.
Robledo Puch, en el día de su detención (1972)
Autora fotografía: Graciela García Romero
          A mediados de 1973 logra fugarse de la cárcel, creando una ola de pánico en la capital argentina, aunque pocos días después es detenido.
            En 1980 se celebra el juicio en el que es sentenciado a cadena perpetua por diez homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, 17 robos, una violación, una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos hurtos y dos secuestros. Al finalizar el juicio se dirigió a los jueces en tono amenazador: “Algún día voy a salir y los mataré a todos”.
            Robledo Puch siempre fue un chico muy problemático. Su cara aniñada fue el objeto de muchos apodos como “ángel de la muerte”, “ángel negro”, “el ángel de la muerte” o “el muñeco maldito”. Nadie se explicaba cómo podía ser que un chico de clase media-alta, que tocaba el piano y hablaba varios idiomas empezara a robar en edad adolescente y acabar matando a los 19 años con esa sangre fría.
            Carlos Eduardo Robledo Puch, desde los años ochenta ha solicitado su excarcelación en numerosas ocasiones, la última vez en mayo de 2015, acogiéndose a la ley argentina que permite a los presos de larga estancia en prisión –siempre y cuando los informes de los equipos de tratamiento penitenciario lo consideren- salir en calidad de libertad condicional. Pero los psiquiatras y los psicólogos lo desaconsejan puesto que ha tenido varios brotes psicóticos, además de presentar “una estructuración psicopática de la personalidad, con rasgos de perversión y cierta ideación delirante. No existe culpa, no acepta sus crímenes y se observó cierto grado de agresividad contenida”.  Es el preso argentino que más tiempo lleva en prisión (43) y hasta la fecha, los jueces siguen manteniendo las puertas de la cárcel cerradas para él.



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