viernes, 21 de agosto de 2015

ATRACO AL BANCO CENTRAL

Barcelona, 23 de mayo de 1981. A las 9:20 de la mañana es asaltado el edificio del Banco Central. Un grupo de once hombres fuertemente armados entran disparando al techo. Seguidamente numerosos rehenes son colocados en las ventanas del edificio para evitar que la policía asalte el edificio. Un total de más de 300 personas (263 empleados y más de 60 clientes), se encuentran secuestradas. El mayor atraco en la historia contemporánea de España acaba de empezar.
            Varias unidades policiales llegan al lugar alertados por una llamada que avisan del atraco. Son recibidos por diversos disparos. La zona de Plaza Cataluña y Las Ramblas se blindan, se cortan todos los accesos, hasta los pájaros parecieron entender lo que sucedía. El silencio en la calle es absoluto.
            A las 9:30 se recibe un comunicado vía telefónica en una cabina cercana que desconcierta a las fuerzas de seguridad. El mensaje decía: “La libertad de cuatro militares, héroes del 23 de febrero y de nuestro valiente teniente coronel Tejero. Que en el plazo de 72 horas tengan dispuesto un avión en el aeropuerto de Barajas para trasladar a los cuatro defensores de la causa con destino a Argentina y otro avión más en el aeropuerto de El Prat, con el mismo destino para garantizar nuestra huida. Si no cumplen nuestras demandas nos veremos en la obligación de ejecutar a diez personas, y a cada hora restante cinco personas más. Si intentan penetrar en el edificio donde nos encontramos, nos veremos en la obligación de volarlo con todos los rehenes que se encuentren en nuestro poder. ¡Viva España!”.
            El nerviosismo se apodera de la clase política. Se cumplen tres meses exactos del golpe de estado, y se contempla seriamente la posibilidad de que el edificio haya sido tomado por guardias civiles o militares. Se crea un gabinete de crisis en la sede del Banco Bilbao, muy cercano al edificio secuestrado.
            A las 11:20 el cabecilla pide dos ambulancias a la policía: una por una lipotimia que sufre uno de los rehenes, y otra por un empleado del banco al cual hiere en una pierna por un disparo. Además, hace salir a un grupo de rehenes a cambio de comida. Cuando el líder del grupo asaltante entra otra vez al banco se da cuenta de que no iban a salir vivos de aquello.
            Aproximadamente cinco horas después, los secuestradores empiezan a preparar la huida del banco. Para ello se sirven de unos planos de la cámara acorazada. Creen que la manera más sencilla de salir es abrir un agujero en la pared de dicha cámara y huir por el subsuelo a través de las alcantarillas. Se sirven para ello de máquinas percutoras y las herramientas necesarias para el trabajo. Eligen a un grupo de rehenes que serán los encargados de hacer dicho agujero. Pero el trabajo se complica, ya que los muros no son de hormigón, sino de piedra, lo que hace que las perforaciones se tornen inútiles. Por ello desisten de la operación y deciden sacar todo el dinero de la cámara acorazada (entre 500 y 600 millones de pesetas) y subirlo al patio de operaciones, amenazando con prender fuego a los billetes si las fuerzas de seguridad asaltan el banco. Hacen con ellos una montaña, y uno de los secuestradores se sube al montón de dinero para fumarse un cigarro mientras dice “llevármelo no me lo llevaré pero me voy a fumar un cigarro en lo alto de seiscientos millones. Ni un millonario puede hacer esto”.
Edificio del antiguo Banco Central.
Actualmente alberga un centro comercial de artículos de lujo.
«Barcelona 9 2013» de Bengt Nyman - Flickr: DSC_1980
            A las 19:30 aproximadamente, el intercambio de rehenes por comida continúa, y los aparentemente más delicados de salud son los elegidos para liberarlos. En aquellos momentos Tejero niega cualquier vinculación con el grupo de atracadores y afirma que no tiene ninguna intención de abandonar el país.
            Por la noche, aprovechando la oscuridad y el cansancio de los secuestradores, el Grupo Especial de Operaciones (GEO) realiza labores de aproximación al edificio. Por el subsuelo llegan hasta el edificio y desde allí observan lo que ocurre dentro del banco.
            A las 6 de la mañana del 24 de mayo, se llevan en ambulancia a otro de los rehenes que se encontraba indispuesto.
            Eran las 10:15 de la mañana cuando una tanqueta de la Guardia Civil circula por delante del banco para dar un mensaje a los asaltantes para que se entreguen. En respuesta reciben unos disparos, por lo que la tanqueta huye del lugar.
            Los secuestrados siguen saliendo a lo largo de la mañana por orden del jefe de la banda. Seguidamente, el director general de la policía y el delegado del gobierno de Barcelona entran en el banco para negociar con los asaltantes.
            A las 13:45, el líder de los atracadores comunica que no piensa rendirse y para no mostrar signos de flaqueza sale con el cajero jefe (Sr. Royà) y se pasean por las Ramblas.
            A las 19:55 un francotirador de la policía dispara a uno de los secuestradores que se encontraba en la azotea del banco, matándolo al instante. En unos segundos, los GEO toman el banco. En aquel momento el líder del grupo intercambia ropa con los rehenes, poniéndoles a algunos de ellos las capuchas que llevaban para no ser identificados. Suenan multitud de disparos, afuera el desconcierto es total. Los secuestradores pierden la llave de la puerta principal.
            A las 20:45 logran abrir la puerta y los más de doscientos rehenes salen despavoridos del lugar pero entre los secuestrados también salen los asaltantes.
            Los liberados son llevados por medio de autobuses a la comisaría de Vía Layetana. Entre ellos están los asaltantes y los policías los reconocen enseguida. Se dan cuenta, por tanto que no son ni militares ni guardias civiles, y que el único con vinculaciones políticas es el líder de la banda, José Juan Martínez, alias “el Rubio”, el cual es un conocido anarquista y atracador de bancos.
            Seguidamente, el gabinete de crisis convoca una rueda de prensa en la que califica a los atracadores como “banda de chorizos, macarras y anarquistas”.

La sombra de la conspiración

            Las dudas de que el atraco fuera una tapadera, emergieron entra la opinión pública, la clase política y la propia policía. En la primera declaración policial de “el Rubio”, aseguró que el asalto fue un encargo de la extrema derecha y los servicios secretos. Había un maletín en el edificio con documentos muy importantes que ponían en riesgo la estabilidad política del país y que debían recuperarlo. José Juan Martínez se entrevistó en el sur de Francia con dos miembros del servicio secreto, uno de operaciones encubiertas y el otro el subdirector, que por aquel entonces era Emilio Manglano, quienes le encargaron el “trabajo”. En dichos documentos figuraban las capitanías a participar en el golpe del 23 F, del cual surgiría el general Armada como jefe del estado, provisionalmente. La monarquía estaba de acuerdo en la perpetración del golpe de estado.
            La recompensa por dicho trabajo iban a ser un mínimo de cincuenta millones de pesetas hasta un máximo de cien millones por persona que participara en el atraco, y para el rubio además un millón de pesetas en una cuenta en Suíza. Uno de los asaltantes sería el que se encargaría de sacar el maletín del banco.
            Aunque se cerró el caso como un atraco perpetrado por vulgares delincuentes, siempre ha planeado la sombra de la conspiración. Uno de los jefes policiales de los GEO que intervino, señaló que nunca vieron salir a nadie con ningún maletín, que de haberlo hecho lo hubieran controlado, sin embargo, uno de los rehenes llamado José Verdaguer dijo haber escuchado una conversación entre los atracadores en la que decían que ya se habían llevado los papeles.
            Con el transcurrir de los años, del caso poco más se habló. Para unos fue un atraco perpetrado por delincuentes comunes que pretendían dar un golpe muy sonado (se dice que “el rubio” ya lo tenía planeado desde que estuvo en la cárcel por otros atracos anteriores).
            Para otros, fue una conspiración muy bien planeada para recuperar unos documentos que en caso de salir a la luz, podrían haber hecho retroceder a España nuevamente hacia la dictadura.



Fuentes:
Documental “Asalto al Banco Central (Atraco Imperfecto)”, 2010. http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-20101121-2201/937116/
Periódico “La Vanguardia”, pág. 6, martes 26 de mayo de 1981.
Periódico “ABC”, pág. 10, jueves 4 de junio de 1981.


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