miércoles, 15 de julio de 2015

MILGRAM Y EL EXPERIMENTO SOBRE LA OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD

“Gane 4 dólares por una hora de su tiempo. Se necesitan personas para estudio sobre la memoria”. Así rezaba el anuncio de un periódico de la ciudad de New Haven en un día caluroso de junio de 1961. El anuncio era mentira. El estudio se basaba en la obediencia a la autoridad.
            El experimento estaba compuesto por tres personas: el investigador, el profesor y el alumno. El investigador era quien dirigía. Previamente dos personas que se prestaban para el experimento, debían elegir una papeleta en la que decía el rol que deberían seguir cada uno: “alumno” o “profesor”. El “profesor” debía leer una serie de palabras y el alumno debía repetirlas. Para ello, el alumno se sentaba en una silla eléctrica, atado. En otra habitación contigua había un gran generador con un sistema de botones etiquetados con sus correspondientes indicadores de voltaje: 15, 30, 35…, hasta 450 voltios. El último pulsador advertía: “Peligro, descarga máxima”. El profesor y el investigador se encontraban en esta última estancia.
           A continuación comenzaba el experimento. Cada error del “alumno” suponía una descarga mayor, hasta que llegado a un punto pedía a gritos que le sacaran de allí y aunque el “profesor” quisiera finalizar el investigador contestaba con frases como: “Continúe, por favor” o “El experimento no ha terminado, debe seguir adelante”. Y el alumno seguía, y otro alumno seguía, y otro…así hasta la última descarga: 315 voltios, un grito desgarrador, después…el silencio.
El investigador (V) insta a que el profesor (L) aplique descargas eléctricas al alumno (S),
 aunque éste suplique que no lo haga.
Autor dibujo: Maksim https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Milgram_Experiment.png


            El creador del experimento fue Stanley Milgram, un psicólogo de la prestigiosa Universidad de Yale, el cual lo ideó para intentar dar una respuesta a la pregunta que le rondaba la cabeza: ¿es posible que el responsable directo del holocausto nazi, Adolf Eichmann y los ejecutadores finales sólamente seguían órdenes?.
            Milgram quedó asombrado con los resultados de dicho experimento, por el cual el 65% de los participantes obedeció las indicaciones del investigador hasta el final, aún cuando se mostraban contrarios a continuar aunque eso les reportara ir en contra de sus convicciones éticas y morales.
            Cabe señalar que dicho experimento estaba muy bien preparado. Así cuando los participantes escogían las papeletas, en ambas estaba escrita la palabra “profesor” y el que representaba el rol del “alumno” era un actor que había ensayado debidamente el papel de participante “torturado” y que obviamente nunca recibió daño alguno.
            Una vez publicado el estudio, a  Milgram le llovieron las críticas por su gran contenido antiético, y que había producido traumas permanentes en muchos de sus participantes, al descubrir lo que serían capaces de hacer, aunque por otro lado les había abierto los ojos al descubrir otro lado más rebelde y que no siempre hay que seguir un patrón que nos dicte cómo debe ser nuestras vidas y cómo comportarnos.
            En otros casos, diversos autores refutaron los resultados refiriéndose a que el experimento no medía la obediencia sino la confianza que ponían los participantes en el investigador y que por ello llegaban hasta el final.
            Otros autores, aludían a componentes situaciones y contextuales, es decir, que el sujeto actuará dependiendo de la situación y el contexto en el que se encuentre.
            En realidad, nadie ha sabido interpretar el significado real del experimento, ni siquiera el propio Milgram que buscó durante su vida una respuesta clara, pero no la encontró. Lo que tuvo claro es que la “obediencia y la desobediencia se basan en complejidades de la personalidad” […] “Estos experimentos despiertan la conciencia y quizá el despertar sea el primer paso hacia el cambio”.
           


Bibliografía: Slater, Lauren (2004). “Cuerdos entre locos”, capítulo 2: Obscura, Stanley Milgram y la obediencia a la autoridad. Editorial Alba, Barcelona.





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