martes, 7 de julio de 2015

LOS CRÍMENES DEL TYLENOL

Mary se despertó mientras amanecía con dolor de garganta. Al parecer se había resfriado. Sus padres le administraron una cápsula de “tylenol extra fuerte”, un analgésico para apaciguar los síntomas, pero ocurrió todo lo contrario, la joven de 12 años moría un rato después.
            El mismo día que fallecía Mary Kellerman, el 29 de setiembre de 1982 lo hacía Adam Janus, de 27 años. También tomó una cápsula de “tylenol extra fuerte”, cuyo frasco que contenía las píldoras fue a parar a casa de sus padres, donde corrieron la misma suerte el hermano de Adam, de 25 años, y su esposa Theresa, de 19.
            A estas muertes le siguieron tres más durante los primeros días de octubre.
            Los analistas y médicos no tardaron en determinar que la causa de las muertes fueron las cápsulas rojiblancas de Tylenol que ingirieron las víctimas, aunque las analíticas sanguíneas determinaron que la muerte fue producida por cianuro de potasio.
            Todas las personas fallecidas vivían en el área metropolitana de Chicago, por lo que se lanzaron numerosos avisos desde los medios de comunicación. La policía patrullaba por los vecindarios advirtiendo a golpe de megáfono que nadie tomara el medicamento en cuestión. Los boy scouts fueron de puerta en puerta para ayudar a difundir el mensaje. También grupos religiosos se sumaron a la tarea informativa, sobretodo a los más ancianos. En las escuelas, en los transportes públicos
Autor: Colin
y en los locales comerciales se hizo lo mismo. Además miles de frascos del medicamento más famoso de Estados Unidos fueron retirados del mercado.
            Por desgracia, el mensaje no llegó a la séptima víctima, que curiosamente no residía en la zona de Chicago.
            Estaba claro que las víctimas no habían sido intoxicadas por un accidente, sino que quien introdujera las píldoras contaminadas lo hizo con conocimiento de causa y recientemente, puesto que el cianuro es corrosivo y hubiera roto las cápsulas.
            A la pregunta sobre cuándo y dónde se introdujeron las cápsulas venenosas, se barajaron varias respuestas, algunas bastante inverosímiles. Descartada la teoría de que pudiera haber sido en la cadena de producción, se creyó en la posibilidad de que alguien hubiera introducido el veneno cuando los frascos ya estaban en las estanterías de los comercios, ya que este medicamento se podía adquirir en cualquier establecimiento y no tenía por qué ser farmacéutico.
            Sobre el autor o autores se barajó la posibilidad que fuera algún empleado de la firma Johnson & Johnson, que por venganza hubiera actuado de esta forma. También se pensó en alguien que representara a alguna compañía farmacéutica de la competencia.
            Varios fueron los sospechosos, como James William Lewis que envió una carta a Johnson & Johnson nada más conocerse los casos de las primeras muertes, exigiendo un millón de dólares para detener las muertes, pero no se encontraron pruebas para incriminarle, aunque fue condenado a 15 años de prisión por extorsión.
            Dos sospechosos más fueron investigados pero no se encontraron pruebas vinculantes para incriminarlos.
            A día de hoy no se ha encontrado al autor o autores de los asesinatos, aunque el caso sigue abierto.





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