miércoles, 22 de julio de 2015

LA MASACRE DE MY LAI

Al amanecer se escucharon numerosos helicópteros estadounidenses. No era una mañana más. Rápidamente se adentraron las tropas de asalto en la aldea vietnamita. A los gritos de ¡Tudi maus, tudi maus!, los soldados sacaban a las personas de sus hogares e incendiaban las chozas. Muchos hombres que conformaban la Compañía Charlie, del Primer Batallón de la 20ª División de la 11ª Brigada de Infantería de los Estados Unidos, dirigida por el capitán Ernest Medina, y el alférez William Calley, arrasaron la aldea a sangre y fuego sobre todo ser viviente ya fuera animal o humano, violando a niñas y mujeres, aquella mañana infernal del 16 de marzo de 1968.
Un soldado estadounidense incendia una choza
en la aldea de My Lai
            Los lugareños no daban crédito a la situación que estaban viviendo. Otras veces los soldados estadounidenses habían venido a la aldea pero jamás se comportaron cruelmente.
            Una unidad aérea de reconocimiento formada por el piloto teniente Hugh Thompson, el artillero jefe Glenn Andreotta y  el también artillero Lawrence Colburn descendieron dos veces al darse cuenta de lo que estaba sucediendo: numerosos cuerpos de mujeres, niños y hombres yacían por los alrededores del poblado. La segunda vez que descendieron fue para salvar a diez personas que se encontraban escondidas dentro de un refugio subterráneo ante la amenaza de diversos soldados de matarlos. Thompson, mediante gestos hizo salir a los civiles, mientras advertía a los militares que sus artilleros abrirían fuego contra aquél que se le ocurriese disparar. Ninguno de ellos se atrevió.
            Seguidamente el teniente Thompson solicitó por radio un helicóptero para evacuar a los civiles, mientras Andreotta salvaba a un niño de una acequia.
Teniente Hugh Thompson
Foto: US Military, Department of Defense
            Después de todo aquello, Thompson y sus hombres denunciaron los hechos al oficial de mayor rango de la brigada, coronel Henderson (que curiosamente había observado lo sucedido in situ desde un helicóptero mientras sobrevolaba My Lai). Todo se tapó con una nota oficial en la que decía que habían muerto 120 personas de las cuales 90 eran militares del viet cong y 30 civiles que les daban apoyo, y aunque se intentara ocultar la verdad, en noviembre de 1968, el fotógrafo militar Ronald Haeberle decidió publicar las fotografías que realizó de la barbarie en la revista Life. El escándalo estaba servido.
Coronel Oran K. Henderson
            Se inició una investigación un año después, que concluyó en marzo de 1970. Hubieron más de 400 testigos y 80 militares acusados, aunque el ejército inculpó solamente a los que se econtraban en aquel momento en activo. El capitán Medina y el alférez William Calley eran dos de ellos, aunque finalmente éste último fue el único condenado, con una sentencia a cadena perpetua, aunque tres años y medio después fue indultado por el presidente Nixon, en pleno proceso electoral para su reelección.
            La crítica de la opinión pública estadounidense no se hizo esperar y se tildó el asunto  de farsa y Calley tachado como cabeza de turco.
Capitán Ernest Medina


            Según el testimonio de soldados involucrados, la matanza se debió a que obedecieron la orden de que debían arrasar la aldea en la que únicamente se encontraban soldados del viet cong, ya que los civiles habían abandonado el lugar. Estaban especialmente motivados debido a que por fin podrían ver las caras de unos enemigos que aún no habían visto y vengar la muerte de sus compañeros caídos. Pero, ¿quién dio realmente esa orden?, y si se dio, ¿quién cometió el error, si es que lo hubo, de asegurar que en la aldea solamente se encontraban soldados del viet cong? Son preguntas que seguramente nunca tendrán respuesta.
Alférez William Calley.
Único condenado por la masacre
            En 1998, al cumplirse 30 años de la masacre, los tres militares que evitaron la aniquilación total de la aldea (solamente 20 personas sobrevivieron) fueron condecorados por el ejército estadounidense. Glenn Andreotta lo fue a título póstumo, ya que fue muerto en combate pocas semanas después de la masacre. Ese mismo año, Thompson y Colburn regresaron a My Lai y pudieron reunirse con algunos aldeanos que rescataron del refugio.
            Hugh Thompson murió de cáncer en 2006, y fue víctima del ostracismo al que fue sometido a su regreso de Vietnam.
Uno de los héroes de My Lai, Lawrence Colburn visitando My Lai en 2008.
            Lawrence Colburn es el único superviviente de la unidad, y cuando se cumplieron cuarenta años de lo sucedido volvió a My Lai, visitando a Do Ba, el niño que su compañero Andreotta salvó de una acequia.





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