martes, 9 de junio de 2015

ANNA MARIA ZWANZIGER: LA ENVENENADORA DE BAVARIA

Nacida en Nuremberg, perteneciente al Reino de Bavaria por aquel entonces, en 1760, la infancia marcó el destino y el carácter de la pequeña Anna. A los cinco años de edad, en 1765, se quedó huérfana y vivió hasta los diez con diversos parientes. Luego su tutela pasó a manos de una familia adinerada y recibió una buena educación pero a los quince años de edad su tutor la obligó a casarse con un abogado alcohólico, con el que tuvo dos hijos.
            En 1796 Anna enviudó y tuvo que ganarse la vida como tejedora, aunque ella anhelaba encontrar a un hombre adinerado con quien casarse.
            Su suerte pareció cambiar el 5 de marzo de 1808 cuando encontró un empleo como ama de llaves en la ciudad bávara de Peignitz, en la casa de un juez, Wolfgang Glaser, recién separado de su mujer. Anna deseaba formar un nuevo hogar, y que mejor ocasión que hacerlo en el lugar donde ofrecería sus servicios como trabajadora doméstica y con un hombre de cierta posición social como un juez. Pero la alegría le duró poco tiempo, ya que Wolfang y Frau Glaser se reconciliaron y ésta volvió al lado de su marido.
            La sra. Glaser enfermó de repente. Empezó a sentirse mal, a sufrir vómitos y diarreas. Apenas un mes después de su regreso al hogar, Frau Glaser fallecería el 26 de agosto de 1808.
            El 25 de setiembre de ese mismo año, Anna dejó de trabajar en la casa de Wolfgan Glaser para hacerlo en la de otro juez, el Sr. Grohmann, en el municipio bávaro de Sanspareil. El hombre era soltero, y seguramente Anna creía que podría llegar a casarse con él, aunque meses después anunció que se casaría. El hombre sufría de gota, muriendo el 8 de mayo de 1809. Su muerte no levantó ningún tipo de sospecha, debido a su enfermedad.
            La señora Gebhard, esposa de otro juez, había oído hablar maravillas de Nannette, como la llamaban familiarmente, por lo cual la contrató, más que nada para que la ayudara en las tareas del hogar, ya que ella se encontraba embarazada. El 13 de mayo de 1809, nació el bebé y tantó él como la madre se encontraban en perfecto estado de salud después del parto. Sin embargo, al cabo de tres días, la señora Gebhard empezó a enfermar, vomitando sin cesar y padeciendo fuertes dolores estomacales. Finalmente, el 20 de mayo falleció. El médico certificó la muerte por causas naturales.
            El 25 de agosto el juez Gebhard invitó a dos amigos a cenar, el señor Beck y el Sr. Alberti, enfermando después de la ingesta.
            El 1 de setiembre, Gebhard y cinco amigos también enfermaron, después de tomar cerveza, servida como no por la fiel Nannette, aunque por fortuna se recuperaron. También el bebé de cinco meses, enfermó luego de tomar leche con galletas, muriendo días después.           
            Los empleados, sospechaban de Anna y ante su insistencia, el juez la despidió como trabajadora, pero ella, el 3 de setiembre decidió hacer unas últimas tareas antes de irse. Tomó la caja donde se almacenaba la sal y  llenó los saleros. La cocinera, Bárbara (que enfermó después de tomar una taza de café) la vio realizando esa tarea, y le resultó extraño, ya que ese trabajo le correspondía a ella.
            Bárbara alertó al juez. Éste ordenó a la policía que tomaran muestras. Los análisis certificaron un alto contenido de arsénico en la sal. Posteriormente, se exhumaron los cuerpos de Frau Glaser, del juez Grohmann, la sra. Gebhard, y su bebé. Las autopsias revelaron que todos los cuerpos contenían restos de arsénico.
            Rápidamente se ordenó la búsqueda y captura de Anna Zwanziger, que fue arrestada poco después y ejecutada por decapitación en el verano de 1811, confesando los crímenes cometidos, aunque sin mostrar arrepentimiento alguno. Sus últimas palabras fueron: “Es mejor para todos que yo muera, ya que para mi sería imposible renunciar al envenenamiento de personas. El arsénico es mi mejor amigo”.

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