lunes, 25 de mayo de 2015

EL INCIDENTE GLEIWITZ

El día 1 de setiembre de 1939 se inició la Segunda Guerra Mundial, con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi.
Un día antes, el 31 de agosto, una guarnición compuesta por miembros de la Gestapo y las SS se adentraron en Polonia, vestidos con uniformes del ejército polaco. En una operación de bandera falsa asaltaban la emisora de radio de Gleiwitz, a escasos kilómetros de la frontera polaca.
El plan fue urdido por Heinrich Himmler, Comandante en jefe de las SS en aquellas fechas y el responsable de ejecutarlo un oficial llamado Alfred Helmut Jackobs.
Estación de radio de Gliwice.
Autor fotografía: Edgar Jiménez
Ese jueves 31 de agosto por la tarde, Reinhard Heydrich, brazo derecho de Himmler telefoneó a Jakobs para indicarle el momento del asalto, pronunciando una de las últimas frases en tiempos de paz y la primera en tiempos de guerra: “La abuela ha muerto”. A las 20 horas, Jakobs y sus falsos polacos asaltaron la emisora de radio, capturando a los pocos operarios que se encontraban en ella, mientras, uno de los soldados lanzaba el mensaje en polaco que la emisora había sido ocupada y animaba a los habitantes de Polonia al ataque contra los alemanes. Seguidamente huyeron del lugar, mientras para probar el ataque, dejaban el cuerpo sin vida de un prisionero de un campo de concentración al que habían matado y vestido de militar polaco ex profeso; así es como Franciszek Honiok, de 43 años y agricultor alemán aunque simpatizante de la causa polaca en Silesia, se convirtió en la primera víctima de la Segunda Guerra Mundial, sin que prácticamente nadie se acordara de él.
Ningún acto conmemorativo le ha recordado nunca, ni en su propio país, ni tan siquiera se sabe con certeza dónde se encuentran sus restos. El sobrino de Honiok fue entrevistado por el diario británico The Telegraph en 2009: “Nunca nadie ha querido hablar sobre lo que pasó, siempre ha sido un secreto. Los alemanes tuvieron el control sobre nosotros hasta 1945. En mi propia familia había demasiado miedo a hablar de él”.

lunes, 11 de mayo de 2015

IVÁN EL TERRIBLE

Fue el primer monarca ruso en utilizar el término zar. Su reinado estuvo marcado por la muerte y la destrucción. De ahí el sobrenombre de “terrible”.
            Iván IV Vasilievich nació en 1530 y a la temprana edad de tres años se quedó huérfano de padre, siendo reina regente su madre, que fue asesinada cinco años más tarde por los nobles boyardos, los cuales se encargarían de su educación, una educación marcada por los malostratos. Así pues, el joven mandatario sufrió mucho durante su infancia, que le marcaría para el resto de su vida.
            Nada más empezar su reinado, se autoproclamó zar, una derivación de César, y es que quiso crear un gran imperio como lo fue el romano e hizo de Moscú otra Roma, adoptando como emblema real el águila bicéfala bizantina, para que quedase suficientemente claro. Seguidamente se vengó de los nobles, mayoritariamente boyardos, que tan mal lo criaron, reprimiéndolos con gran dureza.
            El poder del zar era omnipotente, prácticamente no daba trabajo a la Rada o Consejo privado. En sus ratos libres, como pasatiempo preferido, se dedicaba a lanzar desde lo más alto del Kremlin a docenas y docenas de gatos contra el suelo. Posteriormente haría lo mismo con sus súbditos, a los que utilizó como arma arrojadiza contra sus enemigos en la guerra (tártaros, polacos o suecos).
            Creó su propio ejército y una nueva clase noble, elegida ésta por su coraje y falta de escrúpulos y no por su hereditaria “sangre azul”, que junto al pueblo y clero, le eran leales.
            Iván Grozny tuvo varias esposas. A una de ellas la mató a puñetazos a los pocos días de su boda. Su primera esposa se llamaba Anastasia Romanova, con la que se casó en 1547 y con la que tuvo seis hijos, uno de los cuales –Iván- fue muerto a golpes por su padre. La forma de elegir esposa daba debida cuenta de su prepotencia: todo noble debía presentarse con todas sus hijas casaderas ante él. De todas ellas eligió a Anastasia con la que estuvo casado trece años, que murió envenenada. El zar lloró amargamente su pérdida y tras este suceso se volvió aun más terrible. Volvió a casarse varias veces. Todas sus esposas perecerían de muerte violenta, o en el mejor de los casos recluidas en conventos de por vida.
Retrato de Iván IV, el terrible
de Viktor Vasnetsov (1897)
            No contento con exhibir su poder criminal de manera individual pasó al exterminio genocida. Descargó su ira con la clase noble de la ciudad de Novgorod. Algunos de ellos fueron brutalmente asesinados por el mismo brazo ejecutor del zar, que gustaba de acabar con la vida de sus enemigos con un mazo de hierro. Algunos años después atacaría a la misma ciudad pero esta vez ocupó la ciudad matando a casi toda la población. Unas 60.000 personas fueron quemadas, decapitadas o empaladas. Parecida suerte corrieron otras numerosas ciudades y tierras conquistadas. Lo curioso es que, después de estas atrocidades, Iván se sentía sinceramente arrepentido y acudía a algún templo a rezar, golpeando su pecho y propinándose cabezazos contra el altar, a veces, incluso sufriendo heridas de consideración, aunque su arrepentimiento fuera sólo temporal. Se dice, que era un hombre muy religioso, y que muchas noches se recogía a rezar y meditar. Al alba, él mismo hacía repicar las campanas llamando así a los fieles para que acudieran a rezar. Además, hizo erigir la catedral de San Basilio en el Kremlin, como símbolo de sus triunfos bélicos.
            Territorios y habitantes eran sometidos continuamente por el zar, y persona que se rebelara era asesinada, en muchas ocasiones a ella y a toda su familia, como fue el caso del príncipe Federov, apuñalado por Iván en 1568, y posteriormente descuartizado en el palacio imperial, eliminando también a su viuda, hijos y demás familia de la víctima. Ni siquiera el clero, estaba a salvo del brazo ejecutor del monarca, como atestigua la muerte del arzobispo Felipe, que fue estrangulado.
            Iván IV falleció en 1584, posiblemente envenenado, aunque también es probable que muriera a causa de la ingestión continuada de mercurio, tratamiento común en aquella época para tratar la sífilis, enfermedad que padecía el zar, y que podría ser la causa de trastornos psicóticos que le hacían ser tan despiadado.
            Dejó como herencia grandes extensiones de territorio de la Siberia a una poderosa familia, los Stroganov, con la condición de que colonizaran tan grandiosa región. No sólo la colonizaron sino que con ella se expandió una estirpe legendaria: los cosacos rusos.