miércoles, 29 de abril de 2015

ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO Y SARA ALDRETE: LOS NARCOSÁTANICOS DE MATAMOROS

El narcosatanismo es una práctica pseudoreligiosa para obtener una supuesta protección a las organizaciones criminales. Se realizan para ello rituales de origen afroamericano en los que se utilizan animales y/o personas para sus sacrificios.

            Adolfo de Jesús Constanzo creció en un ambiente nada favorable para tener una buena vida. Hijo de inmigrantes cubanos, nació en Miami el 1 de noviembre de 1962 y fue bautizado por el rito del “palo mayombe”, una religión de origen congoleño practicada por los esclavos llegados a Cuba en época colonial.
           
            La madre de Constanzo era practicante de esta religión, además ingresaba frecuentemente en prisión por cometer pequeños delitos, como robos y estafas. También practicaba ritos en los que se sacrificaban animales, así Constanzo aprendió de su madre lo que sería después en su edad adulta.

            En 1983, siendo ya sacerdote de esta práctica religiosa, se ganaba la vida leyendo las cartas del Tarot. Poco a poco va obteniendo clientes de clase influyente a los que también “vende” rituales por más de 4.000 dólares, en los que se sacrificaban animales.  Sus principales clientes son poderosos narcotraficantes que acuden a él para obtener protección y así hacerles esquivos de la justicia.

            En 1987 conoce en Matamoros a Sara Aldrete, que se convertiría en su mano derecha. Esta ciudad fronteriza con Estados Unidos sería la nueva residencia habitual de Constanzo y su banda. A partir de ese momento comienzan a desparecer personas en aquella zona en extrañas circunstancias.

            En marzo de 1989 desaparecía Mark Kilroy, un joven universitario estadounidense que se encontraba en la localidad mejicana de viaje de fin de carrera, junto a unos compañeros de facultad. La desaparición del chico crea un punto de inflexión en el que las autoridades mejicanas no tienen otro remedio que iniciar investigaciones, dado que Kilroy provenía de una familia con influencias políticas en el país vecino. Así, unos días después son detenidos dos miebros de la banda narcosatánica, los cuales delatan a la policía a Constanzo y Sara Aldrete, confesando que secuestran a personas sacrificándolas para sus rituales. Poco después, en un registro efectuado en el rancho de Constanzo se encuentran quince cadáveres, entre los que se encuentran los restos de Mark Kilroy. También vestigios que señalaban que allí se realizaban sacrificios humanos, como la extirpación de miembros genitales, cerebros y otros órganos donde se preparaban caldos y brebajes. Para finalizar los rituales y a modo de trofeos, Constanzo se hacía corbatas con sus columnas vertebrales.

            El 6 de mayo de 1989 la policía acorrala a Constanzo y a varios miembros de su organización en un supermercado de Méjico D.F. Tras un tiroteo y viéndose cercado, Adolfo de Jesús Constanzo muere después de ordenar a un miembro de su banda que le dispare.

            Sara Aldrete fue detenida y cumple actualmente una condena de 647 años de prisión. Se considera inocente y víctima de un complot policial para salvar a altos cargos de la política involucrados en el narcosatanismo, denuncia que hizo al escribir el libro “Me dicen la narcosatánica”.



viernes, 24 de abril de 2015

GENNADY MIKHASEVICH: EL ESTRANGULADOR DE VITEBSK

La noche del 14 de mayo de 1971, Gennady se disponía a regresar a casa, desolado. Su prometida acababa de romper la relación que les unía. No se quitaba de la cabeza la idea de suicidarse, aunque sus intenciones cambiarían en breve al conocer a una muchacha mientras cruzaba los campos y huertos en los alrededores de la aldea de Ekiman, en la ciudad bielorrusa de Vitebsk. Sobre ella descargó su ira, violándola y estrangulándola con sus propias manos. Lyudmila Andaralova no fue la única víctima, sino la primera de una serie de treinta y seis asesinatos cometidos sobre mujeres jóvenes, además de ser agredidas sexualmente muchas de ellas.
            Las investigaciones policiales fueron nefastas. Se llegaron a detener hasta catorce individuos, de los cuales uno fue ejecutado y otro quedó ciego en prisión.
            El criminal no usaba arma alguna para cometer los crímenes. Asesinaba con sus propias manos, bufandas e incluso se sirvió de una cuerda hecha de centeno que él mismo elaboró. Solamente una vez, se sirvió de unas tijeras para matar a una de las víctimas.
            En 1985 varios testigos declararon haber visto a diversas víctimas subirse a un coche rojo, marca ZAZ Zaporozhets. La policía, auxiliada por patrullas ciudadanas (de las que formaba parte el propio asesino) interrogó a miles de propietarios de vehículos con estas características pero no sospechó de ninguno. Mikhasevich entendiendo entonces que las investigaciones podrían dar con él tarde o temprano, ideó un plan para tratar de desviar la atención, pero este plán le delató. Escribió una carta a un periódico local de Vitebsk, en la que se presentaba como miembro de una organización fascista llamada “Patriots Vitebsk”, y que la integraban hombres que se encargaban de matar a mujeres adúlteras. Una nota fue encontrada en la boca de sus víctimas con un relato similar.
            Cientos de miles de escrituras manuscritas fueron analizadas por veintidós grafólogos, hasta que al fin dieron con el asesino, apresándolo el 9 de diciembre de 1985. 
            En el registro que efectuaron en su vivienda encontraron joyas y otros elementos personales pertenecientes a las víctimas.
            Gennady Mikhasevich fue condenado a la pena capital, y ejecutado por un pelotón de fusilamiento el 25 de setiembre de 1987.


martes, 14 de abril de 2015

MARC DUTROUX: EL MONSTRUO DE BÉLGICA

Mientras la policía belga investigaba la desaparición de seis chicas, un testigo declaró haber visto un vehículo sospechoso, aunque no recordara todos los números de la matrícula, fueron suficientes para dar con Marc Dutroux. Así, el 15 de agosto de 1996, la policía descubrió en la casa del sospechoso una habitación insonorizada en el sótano, donde se hallaban dos chicas, de 14 y 12 años de edad respectivamente, que declararon haber sido agredidas sexualmente y filmado dichos actos. Posteriormente, en diversas casas de Dutroux, los investigadores además encontraron numerosas cintas de vídeo que contenían pornografía infantil.
En otra propiedad de Dutroux, en la localidad de Sars-La-Bouissiere, se encontraron dos pequeñas de ocho años de edad, enterradas en el patio. Las niñas fueron secuestradas el 24 de junio de 1995. Murieron de inanición mientras su secuestrador se encontraba en prisión cumpliendo una condena por robo de vehículos.
El 22 de agosto de 1995, Dutroux acompañado por su cómplice Michel Lelièvre secuestraron a dos adolescentes, de 17 y 19 años de edad, en Ostende, mientras éstas disfrutaban de unas vacaciones. Sus cuerpos sin vida fueron encontrados el 3 de septiembre de 1996, enterrados debajo de una choza en la localidad de Jumet. También se halló el cuerpo de Bernard Weinstein, antiguo cómplice de Dutroux al que asesinó y enterró por un ajuste de cuentas.
Además de Marc Dutroux, fueron detenidos como cómplice Michel Leliève y la esposa del primero, Michelle Martin. Leviève era un heroinómano que raptaba a las niñas y las introducía en el furgón que conducía Dutroux, a cambio cobraba con droga. Michelle conocía todo lo que hacía su marido pero nunca lo denunció por que le tenía miedo, según sus declaraciones. Al parecer, Dutroux encargó a su mujer que alimentara a las pequeñas de ocho años secuestradas mientras él permanecía en prisión pero ella no lo hizo ya que le horrorizaba la idea de tener que hacerlo. Los psiquiatras forenses alegaron que Michelle era una masoquista sumisa. Asímismo, determinaron que Dutroux era un psicópata pervertido.
Los casos de las chicas desaparecidas conmocionaron a la sociedad belga, nada acostumbrada a este tipo de sucesos. Pero a la conmoción le siguió la indignación y la rabia al salir a la luz el pasado de Dutroux.
En 1989 él y su mujer Michelle fueron condenados por el secuestro y violación de cinco niñas. Dutroux cumplió tres años, de un total de trece. Una vez en libertad, se supo que un confidente de la policía declaró que Dutroux le pidió ayuda para secuestrar a una niña. Además, la madre de éste declaró que era posible que en sus viviendas escondiera niñas.
En agosto de 1995 se inicia la investigación policial llamada “Otelo”, por lo que se pone bajo vigilancia a Dutroux. Se instala una cámara frente a la casa del secuestrador, pero dicha cámara solamente está operativa por el día y Dutruox comete los raptos por la noche.
En diciembre de 1995, René Michaux, investigador policial encargado del caso, registra la vivienda de Dutroux. Una vez dentro, el cerrajero que forzó la puerta de entrada oyó unas voces de niños pero Michaux dijo que provenían de la calle y no le dio mayor importancia. Las voces parecían salir del sótano de la vivienda que el policía no quiso inspeccionar. Meses después se encontraron los restos de las dos niñas de ocho años desaparecidas en Sars-La-Bouissiere. Además, el investigador encontró unas cintas de video, pero según la versión oficial no pudieron visualizarlas porque no tenían ningún reproductor VHS. En esas cintas se podía ver a Dutroux construyendo las celdas donde después encerraría a las niñas que secuestraba.
Mientras Dutroux está detenido, confiesa que forma parte de una red de pedofilia de la que forman parte personalidades importantes de la sociedad belga. El juez de instrucción está dispuesto a llegar hasta el fondo y arresta a antiguos socios de Dutroux. Uno de ellos, Michel Nihoul es un hombre de negocios belga, aficionado a las orgías sexuales. Once víctimas anteriores de Dutroux conocidas como las “testigo X” comparecen en la vista oral.
La testigo “X1” declara que Nihoul la captó a través del novio de su madre, que la “alquiló” para prostituirse en su infancia. Según ella, se organizaban encuentros de pedófilos, entre los que se encontraban hombres de la alta sociedad belga, principalmente empresarios y políticos, que mantenían relaciones sexuales con niñas y que incluso se grababan en vídeo.
En octubre de 1996 el juez es relevado del caso, ya que según sus superiores la asistencia de éste en una cena organizada por los familiares de las víctimas supone un conflicto de intereses. Además, se detienen las investigaciones policiales. Por ello, el 20 de octubre de 1996 trescientas mil personas se manifestaron en las calles de Bruselas, convocadas por los parientes de las víctimas. Hubo una huelga laboral en el país y los bomberos regaron las paredes de los edificios públicos, simulando limpiar la corrupción.
Ocho años después se celebró el juicio. La tardanza en celebrarse el juicio se debió a las confusas y dificultosas investigaciones del caso, según la fuente oficial.
Veinte personas relacionadas con los sucesos, y entre ellos diversos confidentes de la policía, murieron en extrañas circunstancias antes de declarar.
El testimonino de la testigo “X1” fue desestimado, cuestionando su estado mental.
El 17 de junio de 2004, Marc Dutruox es sentenciado a cadena perpetua por asesinato, secuestro y violación. Su cómplice Michel Lelièvre, se le condena a 25 de años de cárcel por secuestro. La esposa de Dutroux, Michelle Martin es condenada a 30 años de prisión por cómplice. Michel Nihoul es condenado sorprendentemente, por él único delito de tráfico de drogas, por lo que oficialmente no existió ninguna red de pedofilia en Bélgica.

martes, 7 de abril de 2015

FRANCISCO GARCÍA ESCALERO: EL MATAMENDIGOS

Psicópata, esquizofrénico, necrófilo, sádico y agresor sexual, desde su infancia frecuentaba el cementerio de La Almudena donde prefería "jugar" con los muertos a hacerlo con los vivos. Vivió una vida mísera y oscura, esa oscuridad que tanto gustaba al joven Francisco, que con 14 años desaparecía de su hogar durante días. Además de los camposantos, concurría casas abandonadas donde se masturbaba contemplando a parejas de amantes, pero antes de volver a casa, regresaba al cementerio para alimentar su apetito sexual con los cadáveres.
En 1973, con 19 años de edad violó a una mujer, por lo que fue condenado a 11 años de prisión. Allí, en el penal, se permitía a los presos tener pájaros en sus celdas. A Francisco también le gustaban...pero muertos.
Su epitafio particular en vida lo lucía orgulloso en su piel: “Nacido para sufrir”, con él a cuestas cobra la libertad y Francisco García Escalero se hace muy amigo de las calles mendigando junto a compañeros de indigencia. Con el dinero que obtienen compran alcohol y pastillas, el cocktail que una vez ingerido será la fórmula que abrirá la puerta mental a los infiernos para Francisco. Una “fuerza interior” se apodera de él y unas voces diabólicas le ordenan que mate.
Su primera víctima fue Paula Martínez, una prostituta que ante la negativa de ésta para mantener relaciones sexuales, Escalero le asestó varias puñaladas, la decapitó y prendió fuego. El asesino se llevó su cabeza y la arrojó a un pozo. Al cabo de un año, asesina a Juan C. B., de 50 años, con el que paseaba por el parque de las Avenidas. Lo apuñaló y aplastó el cráneo. Le seguiría, Mario R. G., de 43 años. Otra víctima fue Ángel H. V., de 45 años, le asestó un golpe en la cabeza, le cortó las yemas de los dedos y lo semidecapitó cerca de unas vías del tren.
En mayo de 1989 en un descampado de la zona de Hortaleza de Madrid, Francisco le rebanó el cuello a otro mendigo. Mientras se desangraba, le cortó el pene y se lo puso en la boca, aun con vida.
En 1990 y en fechas distintas y a otros dos indigentes les golpeó la cabeza con una piedra, les propinó varios navajazos y les extrajo varias vísceras y órganos, seccionándoles además la cabeza, para arrojar seguidamente los cuerpos al mismo pozo que tiró el cuerpo de su primera víctima.
Siguió matando hasta el 9 de septiembre de 1993, fecha en la que asesinó a su última víctima, la onceava, un compañero del Hospital Psiquiátrico Provincial en el que habían estado ingresados ambos y de donde escaparon tres días antes. Esa noche se dirigieron a su cementerio de toda la vida, el de La Almudena, donde golpeó a Víctor Luis Criado dándole muerte para después quemar el cuerpo. Al día siguiente, Francisco volvería al Hospital Psiquiátrico y confesaría lo sucedido.
Francisco García Escalero fue juzgado en 1996 y declarado inimputable a causa de su enfermedad mental. Nunca más volvió a salir en libertad. En los últimos años estaba muy deteriorado. Finalmente, el martes 19 de agosto del 2014 fallecía en el hospital psiquiátrico de Fontcalent (Alicante) a la edad de 60 años.