lunes, 23 de marzo de 2015

EL ASESINO DE LOS TORSOS

Los años treinta del pasado siglo fueron muy duros para la ciudad de Cleveland, con altos niveles de corrupción en los órganos gubernamentales, fruto de la gran depresión y los problemas contraídos a causa de la Ley seca y su posterior abolición, por lo cual las mafias campaban a sus anchas y se dedicaron a nuevas formas de obtener recursos a través del juego y la explotación de los sectores más marginales de la población. Para colmo de sus males, durante más de seis años, la urbe albergó además una serie de crímenes terroríficos. El 5 septiembre de 1934, se encontró junto a la orilla del lago Erie el cuerpo desmembrado de una mujer sin identificar, a la que denominaron “La mujer del lago”. Un año después, el 23 de septiembre de 1935, dos jóvenes encontraron los restos de un hombre en una colina cerca de Kingsbury Run, cerca de un centro neurálgico de ferrocarriles. Al cuerpo le faltaba la cabeza y los órganos genitales. Cerca del lugar, la policía halló otro cuerpo en un alto grado de descomposión sin cabeza. A unos 20 metros de este cadáver se encontraba la cabeza del anterior. Sólamente se pudo identificar uno de los cuerpos, que pertenecía a Edward Andrassy, un delincuente habitual.
            El alcalde Harold Burton, ante la alarma creada y la impotencia de no tener ni una pista sobre el autor de dichos crímenes, puso toda su confianza  para resolver la situación en manos del recién nombrado Director de Seguridad Pública de Cleveland, Eliot Ness, que ganó gran reputación por haber encarcelado al mismísimo Al Capone. Ness siguió con la ardua tarea de limpiar los órganos policiales de agentes corruptos y perseguir el juego ilegal, iniciada años atrás cuando se le encargó el caso de Capone, ya que creía fervientemente que no se podía combatir el crimen con policías corruptos. En dos años, varios agentes y oficiales fueron despedidos, retirados o trasladados a otros destinos, aunque al no prosperar las investigaciones tomó el mando del caso.
            El 26 de enero de 1936, un hombre encontró dos grandes bolsas que contenían un brazo descuartizado, dos muslos y parte del torso de una mujer. En la investigación se econtró una huella en la nieve, al lado de las bolsas, y en el interior de estas plumas de pollo y restos de carbón. Por las huellas dactilares se pudo identificar a la mujer. Se trataba de Flo Polillo, una prostituta; pero nada más, los indicios no mostraron ningún dato revelador.
            El 5 de junio de 1936 de hallaron los restos de un joven, otra vez en Kingsbury Run, al que llamaron “el hombre tatuado”, ya que nuevamente no consiguieron identificarle. Un testigo vio a un Sedan negro por las inmediaciones poco antes de ser descubierto el cadáver.
Máscaras mortuorias de algunas víctimas.
Museo de la Policía (Cleveland)
Autor fotografía: Gargantuen

            El 10 de septiembre de 1936 apareció otra víctima decapitada y nuevamente, sin identidad. Esta vez, otro testigo afirmó haber visto una furgoneta de color verde de la marca Ford.
            El 23 de febrero de 1937, el torso superior de una mujer en el lago Erie, en el mismo lugar que la primera víctima.
            El 5 de junio de 1937 los restos de una mujer negra aparecieron en una bolsa, y dentro de ella un periódico de fecha 5 de junio de 1936, justamente un año antes cuando se hallaron los restos de “el hombre tatuado”.
            El jefe de investigación criminal de la policía de Cleveland, Moe Delist no soportó más la presión y abandonó el caso, incluso la ciudad.
            Hasta la fecha, todas las víctimas eran personas marginales, principalmente vagabundos y prostitutas, pero el ‘modus operandi’ y la elección de las víctimas cambió en el siguiente crimen. Se encontró el torso de una mujer cuyas manos presentaban una manicura implecable y además las amputaciones habían sido hechas de forma diferente a las demás víctimas, ya que la disección de miembros presentaba cortes hechos con algún instrumento aserrado o mal afilado, además el corazón había sido sacado de la caja torácica.
            El 3 de marzo de 1938 apareció otro torso y otra vez fue visto un turismo negro en las inmediaciones.
            Cuatro días después, otro torso más y varios miembros amputados, entre ellos un pie de una mujer negra, con restos de morfina en su interior, además de seis cabellos largos rubios pegados a la extremidad y la cabeza había sido arrancada de forma manual.
            Ness creó un perfil: podía ser un hombre rubio, diestro, fuerte, con conocimientos de cirugía, por el modo de desmembrar los cuerpos y la forma en que eran movidos de lugar, y que debía tener algún lugar oculto para efectuar los atroces crímenes y posteriores desmembramientos. La policía registró cualquier sótano, cuarto, guarida o lugar sospechoso, pero no se encontró nada.
            Las sospechas recayeron entonces en Francis E. Sweeney, hijo de una familia acomodada de Cleveland, y pariente de un congresista, que frecuentaba el suburbio de Kingsbury; era médico y que padecía de brotes psicóticos. Ness le realizó la prueba del polígrafo, la cual no superó,  aunque antes de que pudiera ser arrestado ingresó voluntariamente en un centro psiquíatrico y debido a su estado mental, legalmente no podía ser procesado.
            Unos meses más tarde, en agosto de 1938 dos torsos más fueron encontrados en un descampado, a dos manzanas de la oficina de Ness, como si el criminal se estuviera burlando de él.
            Se incrementó la presión sobre Ness, y  sin importarle ya los medios empleados, ordenó quemar las chabolas de Kingsbury Run y detener a cualquier vagabundo que concurriera la zona.
            En julio de 1939 se arrestó a Frank Dosel, un alcohólico conflictivo que frecuentaba los suburbios. Al parecer, la tortura policial le obligó a firmar una confesión. Un mes después fue encontrado ahorcado en su celda.
            De repente los asesinatos cesaron pero en 1940 se hallaron tres cadáveres más correspondientes a dos hombres y una mujer en el interior de unos furgones, en un desgüace de Pensylvania. Los cuerpos aparecieron decapitados y habían permanecido bastante tiempo en el lugar.

El declive de Eliot Ness    

Eliot Ness (1933)
            Ness se vio obligado a cerrar el caso sin hallar un culpable. La reputación de Ness cayó en picado y le afectó profundamente. Quiso hacerse un hueco en la vida política y se presentó a la alcaldía de Cleveland en 1947, pero no salió elegido.
            Ironías del destino acabó alcoholizado, y pudo sentir cómo en un lapso  corto de tiempo lamió tanto la miel del éxito como la hiel del fracaso.
            Murió en 1957, a los 54 años de edad, víctima de un infarto.


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