martes, 10 de febrero de 2015

HISTORIA DEL GARROTE VIL

El Garrote Vil fue un instrumento utilizado para aplicar la pena capital por España y sus colonias desde 1820 hasta el fin de la dictadura de Franco, aunque su origen e inventor se desconocen.
            Ya en la época del Imperio Romano se utilizaba un rudimentario sistema para ejecutar a determinados reos denominado laequs, que consistía en el estrangulamiento mediante soga. Así murió Publico Cornelio Léntulo, en el año 63 a. C. por conspirar contra Roma.
            En 1227 Alfonso X el Sabio, ordena ejecutar por el mismo sistema a su hermano Fadrique. Un poco más tarde y en la misma Edad Media se utiliza el término “vil” ya que se reservaba la ejecución por garrote para los villanos o plebeyos. En cambio los nobles eran ultimados mediante la decapitación por espada.
            El garrote es empleado en el siglo XVI masivamente por la Inquisición. En principio se utilizaba como mecanismo de tortura, que consistía en una tabla apoyada por cuatro patas donde se tumbaba al reo y se le sometía al tormento mediante cables y tornos apretando hábilmente sus extremidades para obtener la confesión. Más tarde se utilizó como medio de ejecución si el condenado confesaba, lo que le libraba de ser quemado vivo en la hoguera.
            Es  ya en el siglo XVII que el garrote toma una forma muy parecida al que se usó en el siglo XX: un palo de madera vertical con la argolla de hierro adosada a él, aplicándose ya de forma generalizada por la comisión de una gran variedad de delitos.
            Pero no es hasta el siglo XIX cuando Fernando VII institucionaliza el garrote como sistema de pena de muerte para todos los españoles por igual, sin diferencias, atribuyéndole la propiedad de ser el método “más humano y decente” de ejecución, tal como recoge el artículo 38 del Código Penal de 1822, en que se abole la pena de muerte por la horca para sustituirse por la pena por garrote: “El reo condenado a muerte sufrirá en todos los casos la de garrote, sin tortura alguna ni otra mortificación previa de la persona, sino en los términos prescritos en este capítulo”. Pero duró muy poco la “humanidad” de Fernando VII. Tomadas las riendas absolutistas del poder, promulgó un decreto penal en el que instauró nuevamente la pena de horca, conviviendo ambas penas  hasta mediados del siglo XIX.
Ejecución por garrote vil en la prisión de
Bilibid, Manila (Filipinas) en 1901
            La ejecución por garrote siguió vigente hasta la Segunda República, ya en el siglo XX, cuando se suprime la pena de muerte en 1932, conseguida por los abolicionistas, aunque poco duró el respiro, ya que en 1934, el gobierno conservador la vuelve a instaurar.
            Con Francisco Franco en el poder, la pena de muerte por garrote se ejecuta por la vía de la jurisdicción civil que duró hasta la aprobación de la Constitución Española de 1978.
            El moderno garrote consistía en una argolla atravesada por un tornillo acabado en una bola que al ser girado por una manivela, aplastaba el cuello del condenado. Dicho artilugio se anclaba a un palo de madera vertical, juntándose con un banco, donde era sentado el reo.
            Contrariamente a lo que se creía, la muerte por garrote no era rápida e indolora, dependía en gran medida de la pericia y la fuerza del verdugo. En muchas ocasiones el reo sufría lo indecible y podía tardar varios minutos antes de morir.
            Los últimos ajusticiados por este cruel sistema fueron Salvador Puig Antich y Heinz Chez, el 2 de marzo de 1974, cerrando así la argolla del garrote vil, esperemos sea para siempre.


1 comentario:

  1. Es un tema espeluznante, el que tocas, pero real, como la falta de humanidad en esta sociedad humana. Me gusta la historia, la blanca, la negra y hasta la que no se deja contar ni ver. Lo triste es que, de ella no aprendemos nada, al menos para no seguir siendo tan viles. Y curiosamente, hasta en la forma de morir ajusticiados, los poderosos han podido elegir; lo pobres, no. Ya ves, éso no cambia...

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