viernes, 19 de diciembre de 2014

GEORGE METESKY: EL LOCO DE LAS BOMBAS

Los artificieros acababan de desactivar el artefacto situado en el alféizar de una ventana, cuando uno de ellos encontró una nota manuscrita junto a la caja de herramientas que unos momentos antes albergaba la bomba. En dicha nota se leía el mensaje: “COMPAÑÍA EDISON, LADRONES. ESTO ES PARA VOSOTROS”. La Compañía Edison era una central eléctrica, que abastecía de energía a la ciudad de los rascacielos. En un principio, el inspector Finney –encargado del caso- se preguntó cómo era posible que alguien pudiera haber entrado en aquella empresa, cruzar las oficinas y colocar el explosivo junto a la ventana sin que nadie se percatara. Tuvieron suerte, ya que unos operarios descubrieron el dispositivo a tiempo y dieron aviso rápidamente a la policía. El inspector Finney, dedujo que era posible que nadie se diera cuenta de la colocación del artefacto porque en aquel lugar trabajaba muchísima gente y el trasiego continuo de personal hizo evidente el hecho de que nadie se diera cuenta del incidente y de quién podría haber dejado aquello allí.
            Un año después y cuando lo sucedido en la Compañía Edison parecía estar ya olvidado, alguien encontró otro artefacto sin explotar muy cerca de la entidad eléctrica, concretamente en la calle 19. Esta vez, el artefacto se encontraba dentro de un calcetín y consistía en un simple detonador de baja potencia conectado a un reloj despertador, que muy probablemente no hubiera matado a nadie y creado por la misma persona que construyó la bomba un año antes.  El inspector Finney, sospechó que el autor de aquello había tirado allí el dispositivo y que por alguna razón no pudo o no quiso colocarlo en el lugar que inicialmente había pensado. Nuevamente, no había ninguna pista más.
            Tres meses después, en diciembre de 1941, cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, recibieron en la comisaría de policía de Manhattan la siguiente nota: “NO VOY A PONER MÁS BOMBAS MIENTRAS DURE LA GUERRA. ASÍ LO DECIDO POR MIS SENTIMIENTOS PATRIÓTICOS. LA JUSTICIA HARÁ PAGAR  POR SUS ACTOS A LA COMPAÑÍA EDISON.
            El extraño personaje cumplió su palabra y no sólo estuvo todo el tiempo que duró la contienda bélica sin colocar ningún explosivo, sino que la espera se demoró hasta 1950. Sin embargo, escribió varias misivas amenazando con poner más bombas en la Compañía Edison, cines y otros establecimientos públicos.
            Así fue como el 29 de marzo de 1950, un tercer artefacto sin estallar fue descubierto en la Estación Central. El bombardero había perfeccionado la fabricación de la bomba. Ésta incluso era de mayor potencia que las anteriores.
            En el mismo año de 1950, un cuarto artefacto estalló por primera vez,. El lugar fue una cabina telefónica situada en el interior de una biblioteca pública de Nueva York.
            Continuaron los atentados, más seguidos y de mayor potencia hasta que en 1956, una bomba ubicada en el teatro Paramount, de Brooklyn hirió gravemente a 6 personas. Entonces ya se le denominó al bombardero “el loco de las bombas”. Los habitantes de la gran ciudad estaban aterrados y la policía no sabía cómo capturar al autor.
            Entonces, el capitán Cronin y el inspector Finney decidieron contactar con el psiquiatra criminalista Dr. James Brussel para que les ayudase a atraparlo. El Dr. Brussel se puso a trabajar mediante la técnica de la perfilación, es decir, dar una descripción psicológica del terrorista, así como otras características personales para proporcionar pistas a los detectives.
            Brussel, que ya se había documentado anteriormente sobre el caso, elaboró el siguiente perfil:
“Es un hombre extranjero, de origen eslavo. Aproximadamente de unos 50 años de edad. Con un trastorno paranoide.  Introvertido. De complexión fuerte. Cuida su aspecto. Es pulcro. Soltero, posiblemente vive con alguna pariente. No está interesado en las mujeres. Es una persona educada, probablemente no acabó el instituto. Tiene conocimientos en electricidad y mecánica. Es hábil y meticuloso en su trabajo. Si se le critica puede ser violento. Está resentido y cada vez más. Es una persona religiosa. Sus cartas las envía desde Westchester, que no es donde vive, ya que no es tan estúpido. Una mayor población de polacos está en Bridgeport, Conneticut, y para ir desde allí a Nueva York hay que pasar por Westchester. Ha estado enfermo, posiblemente del corazón”.
                Para capturarle, el psiquiatra propuso hacer pública la descripción del posible autor en los medios de comunicación, ya que según el investigador, el bombardero tenía afán de protagonismo y quería ser capturado.
            El Dr. Brussel, además, se atrevió a pronosticar una prenda de ropa que gustaba vestir al bombardero: chaqueta cruzada abotonada.
            Una vez publicada la descripción del misterioso terrorista, muchos locos se pusieron en contacto con los medios de comunicación diciendo que ellos eran los bombarderos, incluso muchos ciudadanos hacían lo mismo indicando que tenían conocidos o vecinos que se adaptaban a ese perfil. Todas eran falsas alarmas.
            Al ver que no obtenían resultados satisfactorios, los investigadores decidieron publicar un artículo en un periódico neoyorquino pidiendo al terrorista que se entregase a la policía y ofreciéndole, además, defenderse si tenía alguna deuda pendiente con la sociedad. El bombardero mordió el anzuelo. En una carta citó a la Compañía Edison donde había trabajado y los problemas que había tenido con ésta.
            Mientras tanto, varios empleados de la empresa eléctrica tenían la ardua tarea de buscar en sus archivos las fichas de antiguos trabajadores de la empresa que se ajustaran al perfil creado por el Dr. Brussel, hasta que un administrativo, de nombre Alice Kelly, encontró la ficha de un extrabajador que llamó su atención: éste era George Metesky de Waterbury, Connecticut. Lo curioso de este individuo, es que había sufrido un accidente laboral, fruto del cual y según Metesky, le produjo tuberculosis, por lo que reclamó a la empresa una indemnización que fue rechazada por ésta. Tras ello, Metesky escribió a la empresa diciéndoles que se vengaría.
            Así pues, Metesky fue detenido por la policía en su domicilio, el 23 de de enero de 1957.
            Una vez detenido el bombardero, se comprobó que el perfil creado por el Dr. Brussel había sido muy preciso y al preguntarle al psiquiatra cómo era posible que hubiera acertado tanto, éste desveló cómo lo hizo:
“Sé que era un paranoico porque las personas con este trastorno son capaces de alimentar un rencor durante mucho tiempo, se creen superiores intelectualmente a los demás, son muy limpios, obsesivos y les gusta exageradamente el orden, de ahí su muy buena caligrafía en sus escritos, que además dan debida cuenta de una personalidad educada y muy meticulosa, por eso predije que vestía una chaqueta cruzada abotonada. Su ‘argot’ al expresarse en las cartas es típico de los ciudadanos del este de Europa, y de allí es común atentar mediante la colocación de explosivos. Su soltería la deduje al observar que la letra W la escribía inclinada, como si fueran dos U juntas, sugiriendo los senos de una mujer, revelando así un problema sexual, que hacía improbable que hubiera contraído matrimonio”.
            En lo único que falló el psiquiatra fue en su predicción acerca de la enfermedad de Metesky. Pronosticó que tenía problemas de corazón y en realidad sufría de tuberculosis.
            El “bombardero loco” era en realidad un hombre más bien de baja estatura, robusto, de ojos azules, 53 años de edad. Soltero y sin compromiso. Vestía cuidadosamente. Vivía con sus hermanas y eran católicos practicantes y de origen lituano. Cuando le condujeron a la comisaría, se mostraba cortés y educado con todo el mundo. En su declaración dijo: “TODO ESTO ME PARECE MUY BIEN. QUERÍA DAR PUBLICIDAD A MI CASO Y LO HE CONSEGUIDO. NO ME ARREPIENTO DE NADA. DESPUÉS DE COLOCAR MIS BOMBAS ROGABA A DIOS QUE NO HICIESEN DAÑO A NADIE, SOBRE TODO LOS DOMINGOS”.
            George Metesky fue declarado demente e ingresado en un psiquiátrico hasta 1973. No volvió a tener problemas con la justicia y murió en 1994 a la edad de 90 años.
            La técnica del Dr. James Brussel fue pionera para atrapar a criminales, y desde entonces es utilizada por los investigadores de muchos países. 


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