miércoles, 26 de noviembre de 2014

LA TORTURA DE ROBERT DAMIENS

La Francia de 1757 era muy convulsa políticamente, con grandes conflictos entre el Parlamento y el Rey.

Robert François Damiens era un antimonárquico convencido, que pasaba mucho tiempo en el Palacio de Justicia para enterarse de las últimas noticias que en política se daban.

El gran desafecto que sentía Damiens por el Rey le venía de lejos, ya que había trabajado en el servicio doméstico de varios consejeros del Parlamento, algunos de ellos bastante radicales, que odiaban a la realeza.

Su ira fue creciendo, hasta que el 5 de febrero de 1757, Damiens se dispuso a asesinar al Rey. El monarca se encontraba de visita en la residencia de su hija, cuando al salir de ésta se dispuso a subir a su carroza, Damiens tapándose el rostro con el sombrero, se abrió paso entre la guardia, le agarró para clavarle un chuchillo en el costado. Seguidamente fue apresado por la guardia real.

Se creyó que Damiens había sido el brazo ejecutor de un plan preconcebido por otras personas para acabar con la vida del monarca.

Robert Damiens fue sentenciado a pena de muerte por tentativa de regicidio sobre Luis XV, el 28 de marzo de 1757. La sentencia le sometía al tormento, que aunque no decía cómo debía ser éste, sí que los cirujanos (que equivalían a lo que hoy serían simples carniceros) aconsejaban una tortura lo más terrible y dolorosa posible para el reo antes de darle muerte. Al escuchar la sentencia, el condenado dijo:"La jornada será dura."

Damiens fue condenado a la tortura de los borceguíes, que adoptó este nombre porque era un calzado típico de la Edad Media y tenía cierto parecido con los instrumentos aplicados para la tortura. El mecanismo consistía en sujetar los pies del condenado mediante unas tablas de madera con unas cuñas, que se iban apretando, y al entrar éstas en las piernas del reo, quebrantaban y hacían saltar sus huesos. Así fue como sometieron a Damiens para hacerle confesar sobre quiénes fueron sus cómplices, cómplices que nunca existieron. No obteniendo respuesta lo trasladaron a la plaza de Grève, donde fue tendido sobre un cadalso y sujetado por unas argollas clavadas en la madera. Primero se le quemó la piel con azufre caliente y con unas tenazas al "rojo vivo" se le fueron arrancando las partes más carnosas de su cuerpo y en sus llagas le derramaron un caldo hervido de aceite, azufre, cera y otros ingredientes. Seguidamente, sus extremidades fueron atadas con cuerdas a cuatro caballos que tiraban hasta descuartizarlo. Tras varios intentos, el esfuerzo fue en vano ya que sólo consiguieron arrancarle dos extremidades y con la ayuda de dos caballos más. El resto de extremidades fueron cortadas por los mal llamados cirujanos.

 Al fin, murió y su cuerpo mutilado fue quemado. Sus cenizas esparcidas al aire. Sus bienes fueron confiscados y entregados al rey. Su casa derribada con la prohibición de edificar sobre los cimientos para siempre. Su familia desterrada sin poder volver a Francia nunca y si volvían serían ejecutados, prohibiendo a todos sus miembros usar el apellido de Damiens, y si decidían hacerlo serían igualmente ejecutados a la horca. Todo ello en el nombre divino del rey.

Sucesos como estos eran comunes en aquella época, que sirvieron de prolegómeno de la Revolución francesa en 1789 y como fundamento de la obra de Cesare Beccaria, padre del Derecho Penal y la Criminología. Su obra "De los delitos y de las penas" es una denuncia de hechos como éstos y donde proponen ideas que ahora son principios básicos de todos los estados democráticos occidentales, como el Principio de proporcionalidad de las penas o el Principio de igualdad.

Referencias bibliográficas:
Delval, Juan Antonio (1968). Introducción de De los delitos y de las penas, Madrid, Alianza Editorial.
Foucault, Michael (1976). “El cuerpo de los condenados” de la obra Vigilar y Castigar. México, Ed. Siglo veintiuno.


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