jueves, 13 de noviembre de 2014

EL CRIMEN DE NÍJAR


            La noche del 22 de julio de 1928, las campanas del Cortijo del Fraile, en Níjar se encontraban prestas a repicar alegremente en honor a la boda que se iba a celebrar en pocas horas.
            En la morada de la novia iban llegando los invitados, mientras Francisca prestaba una manta a su futuro esposo y le convencía para que fuera a descansar a una habitación, ya que aun faltaban unas pocas horas para la celebración del enlace, aunque ella no pensaba precisamente en casarse. Un rato  después, a medianoche, los invitados se percataron de que la novia no estaba, había desaparecido. La buscaron por todas partes sin éxito.
            A unos 8 kilómetros del Cortijo uno de los invitados encontró a un hombre bañado en sangre. Era su propio hermano el que yacía en la Cañada Honda, junto al camino de La Serrata. Tres disparos dieron muerte a Francisco Montes. Al poco rato apareció la novia como un fantasma deambulando cerca del Cortijo; Francisca Cañada, ensangrentada, con las ropas rasgadas, presentaba claros signos de haber sido atacada.
            Tras estos hechos fueron detenidos por la Guardia Civil la víctima, Francisca Cañada y su padre. La acusada declaró que se había fugado con su primo y que en el camino de La Serrata fueron asaltados por unos enmascarados. Uno de ellos le quitó el arma que portaba Francisco Montes y le descerrajó tres tiros, dándole muerte. El otro enmascarado asió a Francisca por el cuello para ahogarla pero tuvo suerte de quedar inconsciente, solamente. Al despertar marchó del lugar para buscar ayuda. Seguramente, Francisca sabía quienes eran los asesinos, pero no quiso delatarlos.
            Poco después, se entregaron los asesinos que no eran otros que José Pérez Pino, hermano del novio y su esposa Carmen Cañada, la que al parecer intentó dar muerte a su propia hermana. José Pérez fue condenado a siete años de prisión, de los que cumplió tres. Carmen Cañada fue encarcelada pero salió al poco tiempo.
            Cuentan los testigos de la época que el matrimonio entre Francisca Cañada y Casimiro Pérez fue apañado por las familias de ambos cónyuges, probablemente por el hermano de él, José Pérez y la hermana de ella, Carmen Cañada. Paquita ‘La coja’ como se la conocía en la comarca, no era agraciada físicamente y debía su cojera a que su padre, cuando ella era aun un bebé la cogió de la cuna para que dejara de llorar y sin querer le sacó el hueso de la cadera. Descubrieron la cojera de la pequeña cuando ésta empezó a andar, pero los médicos no pudieron hacer nada al respecto para sanarla. Paquita quedó impedida para trabajar en el campo, como era costumbre y por tanto no podía hacer una vida normal. El padre, sintiéndose culpable por ello, le dejó en herencia las tierras que poseía en ‘El Hualix’ y una dote de 3.500 pesetas de la época. Por ello, quizás, José Pérez y su esposa Carmen Cañada apañaron la boda para casar a sus respectivos hermanos, y así quien sabe compartirían de alguna manera la herencia.
            Pero la realidad era otra y es que Paquita, desafiando las costumbres de la época se reveló y la misma noche de su boda se fugó con su verdadero amor, su primo Francisco Montes. Pero su destino se tiñó de rojo ya que la deshonra y la traición en aquellos tiempos se pagaban muy caro. José Pérez y Carmen Cañada, al percatarse que la novia y su primo no estaban en el lugar donde se iba a celebrar la boda, entendieron lo que pretendían y fueron tras ellos.
            El crimen fue cubierto con un halo de misterio por la prensa de la época. Todavía hoy no está claro quien apretó el gatillo que diera muerte a Francisco. Los vecinos especularon sobre si José Pérez se entregó a la justicia para encubrir a alguien; unos dicen que a su esposa, otros se refieren a alguien que marchó al extranjero. José Pérez murió poco después de cumplir condena a causa del tifus. El suceso dejó una profunda huella en sus protagonistas, huella que aún perdura en los descendientes. Una herida abierta que se ha heredado y que hizo que jamás se volviera hablar del asunto. Casimiro Pérez, el novio plantado, herido en su orgullo de por vida nunca volvió a ver a Paquita Cañada. Se casó tiempo después con otra mujer y siguió viviendo en el término de Níjar, en la  localidad costera de San José, donde murió en 1990 a la edad de 92 años. Nunca más volvió a mencionar el asunto, ni siquiera a su familia. Francisca Cañada, la novia, vivió con su sobrina en el cortijo que su padre le dejó en herencia, del que apenas salió hasta el día de su muerte, el 10 de julio de 1987, casi 60 años después del crimen. A escasos metros de ‘El Hualix’ vivió su hermana Carmen y sólo volvieron a verse una vez, cuando Paquita cayó enferma y fue a visitarla para pedirle perdón. Ésta la perdonó pero con la condición de no volver a verla jamás.               
            Federico García Lorca leyó la crónica del crimen en la sección de sucesos del periódico ‘El Defensor’ de Granada y le impactó tanto la historia que inspiró su obra teatral ‘Bodas de sangre’.
            Los protagonistas reales de la tragedia se llevaron el secreto de lo ocurrido a la tumba, quizá sin saber que Lorca los inmortalizó.

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